Friday, March 16, 2007

Carretera Austral Parte 9: Caleta Tortel - Retorno A Coyhaique



Día 16: Caleta Tortel, regreso a Coyhaique de noche.

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Suena el despertador. Hace frío. 7 am. El caballo del vecino sigue masticando pasto, apenas audible.

Suena otra vez el despertador. Corro las cortinas detrás de mi cama. Sigue nublado. Hoy el día será uno largo y cansador: tengo apenas media hora para levantarme, cargar la moto y partir hacia Río Bravo. Ahí tomaré la barcaza hasta Puerto Yungay, y seguiré rumbo al norte, pasando por Caleta Tortel. A levantarse!

Durante mi estadía en la casa, me hice amigo de este perro. Ridículamente paticorto, inicialmente cauteloso y distante, eventualmente se acostumbró a mi presencia y saludos. Me acompañó mientras empacaba.



La noche anterior la señora que me alojaba había hecho pan amasado, y me invitó a tomar once con ella. Me regaló un par de panes, enormes y pesados, para que tuviera algo que comer en el viaje.

Hacía frío, pero un frío de mañana, aire fresco de un día que recién comienza. Había viento a ratos.





Fue interesante ver el camino de día, siendo que lo había visto de noche y con lluvia a la ida.



Hay varios recordatorios de los que perdieron su vida en la construcción del Camino Longitudinal Austral.



Salí a las 08:20 y llegué a las 10:20, con lluvia y frío. Por primera vez no me puse la parte superior del traje de agua, el chicken suit, y mi chaqueta Polo estuvo formidable.

Por suerte el refugio en Río Bravo, una caseta de 3 por 3 metros, albergaba más del clima que el de Puerto Yungay. Con frío escuché la conversación de uno de dos amigos que venían volviendo de Tierra del Fuego con su camioneta y bote. Contaban cómo a veces bajaban el bote a un fiordo o un río para ir a explorar lo inalcanzable por vía terrestre. Al parecer buscaban comprar un terreno por aquí.

Llegó la barcaza, y subí. El leve oleaje ameritaba una solución más segura que simplemente apoyar la moto contra la pared, y aproveché de usar la cinta que me regaló Tom.





Llegamos a Puerto Yungay, que se veía completamente distinto con un poco de sol.



La foto obligatoria con el hito que marca el término del Camino Longitudinal Austral.



En ese momento vi cómo se acercaban dos motos, eran Martin y Katya, que había conocido en la Copec de Cochrane. En ese momento habíamos conversado, y resultaron ser amigos de Karl Heinz, de Buenos Aires, a quien conocieron en la reunión de Horizons Unlimited en Viedma.



De ahí en adelante, hubo lluvia y sol intermitente.





Poco a poco comenzó a mejorar el clima.



Aquí, camino ya a Caleta Tortel, con sol, pero una gota logró hallar la lente de la cámara, la única en todo el viaje.



Llegué con sol radiante al estacionamiento de Caleta Tortel. Ahí los visitantes dejan sus vehículos y toman alguna de las pasarelas de madera que hay por aquí y por allá.

Sin sacarme las rodilleras, los pantalones térmicos y cargando mi chaqueta, desaparecí por una de las pasarelas, en la dirección general del mar.

Luego de unos minutos de andar, siempre sobre una pasarela de madera, bien armada y bastante uniforme, pasando una que otra casa, con ramales de la pasarela para acceder a ellas, llegué a un punto alto, desde donde se veía parte de Caleta Tortel.



Toda movilización se hace en base a estas pasarelas. La única tierra que tocan tus pies es la del estacionamiento, y la arena de la playa, ambos situados en extremos opuestos de la caleta.



La pasarela principal, a la orilla del mar, sigue el contorno de la costa, con subidas hacia las casas en los cerros, y tiene hasta un pequeño parque de dos o tres bancos, encaramado contra el cerro.



Lo único moderno que se ve en la caleta son los motores fuera de borda de los botes y las antenas de TV satelital.



Por ser domingo, quizás, me encontré solamente con tres o cuatro de sus 400 y tantos habitantes. El Turistel había mencionado que aquí todos se saludan al pasar, y no veo cómo podría ser de otra manera, dado que estás obligado a pasar a 30 cm de cada persona con quien te cruces.





Las nubes a veces tapaban el sol, pero los colores seguían, particularmente el color turquesa del agua.



Una de las prolongaciones de los cerros hacia el mar no tiene pasarela que le de toda la vuelta, por lo que es necesario subir y pasar entre medio de las casas para poder llegar al otro lado, al "centro".

Durante todo el tiempo que estuve en Caleta Tortel, no pude sacarme de encima la sensación de estar jugando uno de los juegos Myst o Riven.



La biblioteca de Caleta Tortel, y otro edificio en remodelación.



Los tramos de pasarela nuevos son inmediatamente aparentes. Aquí, uno acorta camino directamente sobre el agua.



Habían algunos perros, y la mitad dormía al sol. Los demás se dirigían a algún destino, con ese ademán de leve atraso que tienen los perros al trasladarse.







Sudado y con calor, eventualmente llegué al otro extremo de Caleta Tortel, a la playa.



No sé cómo hacía la gente para llegar a la arena antes de esta pasarela. Quizás por bote, quizás caminando sobre la vegetación fangosa.







Y con eso, fue hora de volver. Llegué a la moto hecho un estofado de motociclista. No olvidemos que llevaba las botas impermeables y esos calcetines que se sueltan y se abultan bajo tus pies. Mientras caminaba, hacía planes para quemar todo par de calcetines que tuviera que fueran de esa marca.

En el estacionamiento me encontré con dos alemanes, también de viaje en moto. Iban cargados ligeramente; me parece que estaban alojando en Cochrane.



Esa foto merece un zoom:



Pasé por el hermoso camino al sur de Cochrane, esta vez con más viento.





Pasé por Cochrane, el tiempo suficiente para cargar bencina. Llamé a Camilo. Le dije que quizás intentaría llegar ese mismo día a Coyhaique.



Camino hacia Puerto Río Tranquilo hubo viento fuerte, cruzado, que venía del Lago General Carrera, avanzaba sin freno sobre pastos y matorrales, y daba perpendicularmente sobre el camino.

Lo que sucede entonces es lo mismo que en el caso de todo moticiclista viajero: te cagas de susto. El camino tiene generalmente dos huellas usables, a veces tres, pero ninguna más ancha que unos 30 cm, a veces menos. Estas huellas van bordeadas por gravilla suelta, piedras, arena, cualquier cosa que desestabiliza una moto. Al ir en línea recta, a unos 80, 90 km/h, no hay problema, pero apenas sopla una ráfaga, es necesario inclinarse hacia el viento, algo que uno hace automáticamente. Al hacer esto, la moto pivota aproximadamente en torno a su centro de gravedad, un punto que debe estar en alguna región bajo el asiento, cercano al motor. Esto significa que el punto de contacto de las ruedas con el suelo se desplaza lateralmente, acercándose peligrosamente a los bordes de la huella. Si la ráfaga es suficientemente fuerte, no hay opción sino montarse sobre la gravilla y esperar que no suceda nada malo. El ir con una moto cargada sólo empeora la situación, por una parte porque el peso extra hace difícil mantener el control sobre el material suelto, y por otra, porque sube el centro de gravedad, por lo que el desplazamiento lateral del contacto con el suelo, al enfrentar una ráfaga, es mayor.

Y no olvidemos que las ráfagas desaparecen tan rápidamente como aparecieron, dejándote inclinado y sin nada contra qué apoyarse.



La última foto del día. Más tarde, haría un frío de la puta madre, apenas se pusiera el sol.



Y termina aquí el relato del día? Al cargar combustible en Río Tranquilo lo consideré. Conocía el pueblo, sabía dónde me podría quedar. Pero significaba también descargar y mañana cargar la moto, pasar por los tediosos rituales de sacar cosas de la mochila, dormir, ducharse, buscar qué comer, empacar las cosas de nuevo. Y gastar más dinero, y perder tiempo.

Así que pasé a un supermercado, compré ramitas, galletas, una bebida. Ese fue mi almuerzo y cena. Me coloqué toda la ropa de frío que tenía, y partí al norte.

El viento aumentó su intensidad. Irónicamente, la noche cayó en precisamente el mismo lugar donde había caído en el viaje al sur, con Camilo y Tom, en Puerto Murta. Mi foco principal, inútil como siempre. 35 W apuntando al cielo, por la flojera (bien fundada) de no ajustar su dirección.

Pronto estaba en la selva. Digo selva, porque la palabra bosque no captura lo denso del follaje, el sotobosque, las nalcas lanzándose al camino, las siluetas enormes de árboles que sobresalen contra las estrellas, la luna tras alguna nube solitaria.

Subiendo una cuesta, comencé a escuchar un chirrido metálico, algo rítmico. Obviamente venía de la cadena. Hice nota mental de buscar un lugar para parar, donde podría aceitar la cadena, aunque la había aceitado en Villa O'Higgins.

Eventualmente di con un puente, un puente sobre un río que rugía, pero el cual estaba completamente fuera de vista por la vegetación. Me detuve ahí por si pasaba otro vehículo, para estar lo más lejos posible del centro del camino.

No niego que daba miedo estar ahí, completamente solo, con ruidos extraños sonando constantemente. Pájaros, animales, los árboles en el viento, insectos. Sólo me saqué los guantes: el casco me lo dejé puesto para no tener que volver a acomodar el cubre-cuello, y además por si tenía que partir apurado (sí, era así de tenebroso).


Aceité la cadena, guardé las cosas en las alforjas (benditas alforjas, benditas ustedes fueron entre todo mi equipaje, por permitirme un acceso rápido a las cosas de uso común), y partí nuevamente.

El polvo por fuera y por dentro de la visera se iluminaba con el reflejo de mi foco sobre el tapabarro delantero, lo que me reducía aún más la visibilidad. La situación se mejoraba si inclinaba levemente hacia atrás la cabeza, lo que tuve que hacer durante varias horas más. Va sin decir que esto no es lo mejor para la comodidad del cuello.

Es difícil comunicar la sensación de estar ahí, de noche, completamente solo, atento a todo ruido de la moto, alternando los pensamientos entre cálculos de hora de llegada y velocidad promedio, y posibles problemas mecánicos y sus consecuencias.

Para hacerse una idea, miren el mini mapa que se encuentra al comienzo del capítulo (es un link a un mapa más grande). Busquen el tramo entre Río Tranquilo y Villa Cerro Castillo. Ven lo que hay a los lados del camino? Precisamente: no hay nada. Durante más de 100 km, nada.

Lento, lento, por mi pésima luz, iba avanzando. Me encontré con un no más de cinco vehículos en todo el viaje. Cuando me adelantaron dos autos, los dos a una velocidad ridícula, me coloqué detrás, intentando aprovechar su luz. Pronto llegamos a una zona de tierra seca, donde el polvo me obligó a retroceder, y a retomar mi ritmo lento.

Pasaban las horas, y estaba cansado y con frío. En estas situaciones, algunos motociclistas comienzan a hacer cosas extrañas. Algunos silban, cuando nunca silban en la vida cotidiana. Otros cantan, por desafinados que sean. Otros hacen cánticos de monje tibetano. Otros inventan una radionovela, de toques lúdicos. Yo hice todo eso, y más. Cualquier cosa con tal de variar la rutina. Si piensan que la privacidad de la ducha fomenta estos arranques, imagínense lo que es la privacidad de un casco, donde lo más cercano a un espectador es un pudú a 30 km de distancia.

La vegetación se hizo menos densa, el camino se hizo más polvoriento y pedregoso. Me estaba acercando a la zona de Cerro Castillo. Ese era el único tramo que me había preocupado antes de partir, porque sabía que lo tendría que hacer de noche. El camino tiene bastante material suelto, y corre un fuerte viento.

Y así fue: el camino ahora era de montaña, con un viento despiadado, y por sobre la ténue luz amarillenta que alcanzaba a iluminar la calamina y gravilla, el ciello, más lleno de estrellas que lo que nunca ha estado, y frente a mi, Cerro Castillo, la luna semi-llena por detrás, y lo más asombroso: nubes formándose en cámara rápida desde los picos y agujas del Cerro Castillo. Me detuve, en el comienzo de una larga bajada, en una ladera del cerro, con apenas pastos cortos y rocas a mi alrededor, el viento tironeando de la moto, de mi casco. A lo lejos, muy lejos, pero ofreciendo un espectáculo enorme, la luna, y las nubes. Fue la vista más espectacular de todo el viaje.

Cuando vi las luces de Villa Cerro Castillo, supe que la parte más difícil del trayecto había terminado. De ahí en adelante el camino estaba pavimentado, y sólo tuve que lidiar con el viento en las planicies al sur de Coyhaique. En total, había recorrido 600 km, 500 de los cuales fueron sobre tierra.

Cuando llegué a Coyhaique, a eso de las 00:40, llamé a Camilo. "Mi nombre es peliiiiigroooooooooooo" le dije, dejando escapar quizás demasiada locura temporal. "Saco de huevas, estás en Coyhaique!" fue su respuesta. Le contesté con una risa de niño travieso que sabe que ha hecho algo que no debía, pero que no lo lamenta ni por si acaso.

Camilo estaba tomando cerveza con los ingleses, que yo conocería al día siguiente, y me indicó que fuera a su residencial, uno con nombre raro en Calle Simpson, más arriba que la desquiciada de la vez pasada.

Llegué, con visiones de camas suaves y duchas calientes bailando en mi cabeza. Busqué un timbre. No había timbre. Toqué la puerta varias veces. Nada. Llamé a Camilo. "No, tienes que entrar por la reja y tocar la otra puerta". Eso hice. Toqué varias veces. Toqué el timbre, que no producía efecto alguno. Escuché como alguien se movía en el piso superior. Esperé unos 10 minutos y decidí marcharme, enfurecido.

Me subí a la moto, la hice partir, y le di un buen par de mangueadas. El que la conoce, sabe cómo suena.

Di vueltas y vueltas, sin poder creer que la tierra prometida de Coyhaique estaba resultando ser una prolongación de la desolación de Cerro Castillo. Eventualmente di con una residencial con luz, y me abrió el dueño. Tenía una habitación atrás, en una casa de dos pisos detrás de la entrada de autos. En el piso inferior, un sofá, una mesa con un cenicero usado, unas sillas, y en la esquina, unas cajas con algunos juguetes, y otras cosas. Era como la última etapa de una mudanza. Me mostró el cuarto, el baño. Perfecto, me quedo. Y eso hice. Tiré todo en el suelo al lado de la cama y me tiré a dormir.

Lo último que pensé antes de quedarme dormido, sintiendo todavía los efectos de Cerro Castillo fue apuesto a que esta casa está embrujada y me voy a despertar con algo profundamente desagradable parado a los pies de mi cama.

Y con eso, me quedé dormido.

Siguiente Capítulo: Puyuhuapi - Chaitén.

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21 Comments:

Blogger *RiShIgO* said...

En particular este relato me robo una que otra sutil sonrisa imaginando lo que narras de tu ida a Coyhaique, No me queda la menor duda eres todo un AVENTURERO...
Lindas Fotos, y el perrito paticorto, muy fotogenico.
Salu2 ;)

8:16 PM  
Anonymous Anonymous said...

Lucky guy...

Tiempo que no me entretenía leyendo un blog... Turistel Zona Sur en mano, fui viendo cuanto camino serías capaz de hacer.

En ésta época ya está haciendo más frío que la cresta en Coyhaiquito.

Patricia

10:02 PM  
Blogger durandal said...

Tengo una lectora en Coyhaique? Qué honor!

Por lo menos me fui con el recuerdo de un clima grato!

d.

10:26 PM  
Anonymous Anonymous said...

Una lectora que vivió en la Undécima 15 años. Ni te imaginarías donde vivo ahora!.

Por eso sabía sobre la Asignación de Zona.

Patricia

12:17 AM  
Blogger durandal said...

Si es en Chile, quizás bien al norte.

Si es en el extranjero, podría ser alguna parte distinta de lo usual (USA, Europa).

d.

12:20 AM  
Anonymous Anonymous said...

Norte. desierto a éste lado, y el mar a éste otro.

Que agrado saber que hace tan poco, los mismos ojos que ven esto, estuvieron viendo tanto árbol, oveja y nubes juntos.

P.

12:25 AM  
Blogger durandal said...

Eso del mar y el desierto lo conozco, y es muy especial. Para mi, el mejor exponente de dicha combinación es Paracas, en Perú.

d.

12:44 AM  
Anonymous Anonymous said...

Por tus fotos, me parece que la Carretera Austral, la única que conecta el norte y en centro de Chile (a partir de Puerto Montt) con el sur (al menos hasta el fin de la región XI) no es asfaltada.
?Es verdad?
Um abrazo,
Alvaro.

8:39 PM  
Blogger durandal said...

Alvaro: Así es, salvo tramos cerca de Coyhaique y Chaitén.

d.

11:38 PM  
Anonymous Anonymous said...

Los que hemos viajado alla sabemos como es ese paisaje desgarrador y que te emociona. Tortel me dejo boquiabierto, fue tanto lo que me gusto que me hubiese quedado alla unos meses compartiendo con esa hermosa gente. www.pbase.com/tortel

Patricio

6:56 PM  
Anonymous Alvaro said...

¿No es un tanto complicado tener una carretera (la Austral) sin asfalto en una zona tan extremamente húmeda? ¿No hay planes de asfaltarla? En mi opinión, sería muy importante para una mejor integración del país. Sé, también, que en zonas más al sur, como el la décima segunda región, se llega por Argentina y no por Chile. ¿No es loco eso? Creo que se trata de una cuestión de soberanía también, de control sobre su propio territorio, pero creo que hacer una carretera en el extremo sur debe ser muy costoso a causa de la necesidad de construir puentes, túneles, etc. ¿Quién sabe en unos quince años (cuando creo que el país estará bien próximo de aquellos dichos "desarollados" - si se mantiene la política económica más o menos inalterada, excepto por cambios en el estímulo a la investigación y en la pauta de exportaciones, com produtos de valor agregado más grade, con más tecnología).
Un abrazo,
Alvaro.

10:32 PM  
Blogger durandal said...

Alvaro,

La carretera está bien hecha. Se merece su título. Aguanta bajo lluvia constante, porque drena espectacularmente bien, tanto por su forma y peralte, como por su composición.

A mi también me chocó el que Cochrane y otros pueblos no tan chicos tengan como único nexo un camino de tierra hacia el norte y hacia el sur. Da para pensar.

Me gustaría ver lo que es Villa O'Higgins en 30 años, en qué se convertirá el sur.

No sé si sea técnicamente factible continuar el camino hasta Punta Arenas, por los campos de hielo. Si miras en un mapa verás que sería un camino increíblemente sinuoso, larguísimo.

No creo que Chile cambie tanto en 15 años. Las políticas de estimular el valor agregado... no las veo muy cercanas. Te lo dice un físico potencialmente capaz de realizar investigación básica y tecnológica que se va de Chile a completar sus estudios afuera, con bajas probabilidades de retorno.

d.

11:02 PM  
Anonymous Pedro said...

Pedro

Me entretuve mucho leyendo el blog, para los que hamos viajado por ahi es grato recordar.
Chile es muy lindo ojalá muchos tuvieran la oportunidad de conocer y no solo unos pocos.

6:21 PM  
Blogger durandal said...

Estimado Pedro,

Pero bueno, si no pueden en persona, por lo menos puedo ayudar a que sepan de su existencia.

Saludos,

d.

7:17 AM  
Blogger pia said...

me encantó la forma sencilla, amena y sensible con la q describes cada lugar que visitas, haces sentir que uno vive lo que estas viviendo

10:31 PM  
Anonymous Anonymous said...

La verdad es que no conozco Coyhaique, pero tengo un gran amigo , llamado Mauricio Silva ,que vive desde ya un tiempo en ese hermoso lugar de nuestro País, y solo con sus relatos y fotografias que nos envía , siento las ganas de poder estar ahí alguna vez en mi vida.
Un abrazo desde Costitución.
Mauricio Escobar D.

10:23 AM  
Blogger María Eliana Parot said...

Que rico fue leer esto!!!
Aún no tengo la oportunidad de llegar hasta ahí (sólo he llegado hasta futaleufú), pero tengo planes de irme a Caleta Tortel unos 6 meses cuando me toque estudiar para el grado, o a un lugar por el estilo. De hechom llegue aquí buscando caleta tortel por google.
Felicitaciones, excelente blog
Saludos!

8:33 PM  
Blogger Madrasa said...

Masensantiago

Muchas gracias por tus expresiones, ayuda mucho a hacerse una idea cuando uno espera viajar, no muy para luego. Conocimos a un motorista y lo acogimos en casa, en Osorno, son personas especiales. Moverse, es como su religión. Queda uno con ganas de mas fotos, eso si ... muchas gracias,

1:13 PM  
Blogger Alvaro said...

Estimado,
hace 2 horas dije: "leo un poco, y me voi a dormir". No pude parar de leer (y sí, leo lento...)
En 1 semana más parto a una aventura parecida a la tuya. De Puerto Chacabuco a Villa O´Higgins en una fiel y carnedeperro XR 250.
Leer tu blog me hecho imaginarme lo que será. Para mí hacerlo es un sueño hecho realidad, y leyendo tus escritos me lo he imaginado todo. Además de que saqué muchos tips, y cosas a tener en cuenta. Desde la carga, manejo en camino de ripio, y demás.... Muy agradecido, y haber si cuando vuelva te comparto algunas fotos.

saludos,

Alvaro G.

2:26 AM  
Anonymous Anonymous said...

el mejor de los capitulos.. hasta ahora...

8:33 PM  
Blogger Unknown said...

Hola ! He tenido la suerte de conocer una mínima parte de la zona. Recorri con mi sra.desde Argentina, Santa Cruz, desde lago Posadas, Paso Roballos,Valle Río Chacabuco, Cochrane, regresando por la ruta que pasa por Puerto Bertrand, Chile Chico,Los Antiguos, Perito Moreno...Argentina...otras veces regrese a Cochrane por Chile Chico, y también de Puerto Chacabuco a Coyhaique, y luego a Chile Chico, Los Antiguos, Perito Moreno, Argentina...Siempre fui muy bien atendido, Cochrane lo que más nos ha gustado.Gente muy hospitalaria, atenta, servicial,buena alimentación, y paisajes hermosos, impactántes, deslumbrantes, pero no pude llegar a Villa O'Higgins, mi hijo Matías llegó desde lago del Desierto,Chaltén,(Santa Cruz,Argentina ....Espero conocer algún día......Lo anduvimos en auto, y la pasamos en algunos puntos del camino con alguna dificultad..pero admiro a los motociclistas y a los ciclistas, a los que caminan conociendo...El camino construído a V.O'Higgins es una obra única en el mundo,merece conocer esta zona por el sacrificio y esfuerzo de sus habitantes y de quienes pagaron con su vida enfrentar a la Cordillera.Al Cuerpo de Ingenieros los vi trabajar hace unos años en el Valle Chacabuco y lo realizado merece el respeto de todos. Me enteré de estas notas a raíz del descubrimiento de los restos de la AVIONETA, accidentada en 1997 con integrantes de ese CUERPO. Hago llegar a todos sus familiares mis respetos y solidaridad. Abrazo al pueblo Chileno de toda esa REGIÓN- sdos. Angel !

8:14 PM  

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