Sunday, March 02, 2008

Reñaca Beach y el J Cruz

Ya en el artículo anterior insinué que las aventuras en Chile continuarían, a pesar de haber llegado en estado de zombie a la casa la noche del domingo y haber despertado con un resfrío. Pues sí: harto ya de andar en moto (sí, lo dije, y qué) pero decidido a pasar un día en la playa junto a Camilo y Gustavo, tomé el auto, llené el baúl de porquerías playeras misceláneas y nos dirigimos hacia la costa, Camilo en la V-Strom y Gustavo en la Aprilia Pegaso.

Dimos unas vueltas buscando estacionamiento, y pronto estábamos instalados en el sector top de la playa.



Si esperaban ver un reportaje fotográfico de las bellezas de la playa de Reñaca, lamento desilusionarlos. Estas pocas fotos las robé tratando de no pasar por voyerista. Es más: si quieren ver, vayan ustedes mismos, ustedes que por lo menos pueden!



No todo es trabajo en la vida.



Vegetar, dormitar, alertarnos mutuamente como perritos de la pradera sobre la presencia de chicas lindas. Una rutina bastante simple.









La neblina venía avanzando desde el horizonte, y ya era hora de dejar atrás la playa. Un lento éxodo de veraneantes arenosos y una brisa fría fueron nuestras señales para levantar el campamento.

Íbamos caminando hacia el malecón, cuando noto que Camilo sigue con la mirada a una señora. "Hace frío, parece" murmura en voz baja. Lo miro, pidiendo explicación, y hace un gesto con ambas manos de "doble pistola", como un vaquero apuntando con ambos revólver. Vuelvo a mirar a la señora y sólo entonces me doy cuenta que acabo de ver algo que habría deseado no ver. Como por guión, la señora dice "Ya niños, vámonos, que está haciendo frío!". Jeje.

Al llegar al malecón nos sentamos en un banco. La mundana tarea de quitarse la arena de los pies y colocarse las zapatillas fue desplazada violentamente por las bellezas que circulaban a escasos centímetros de nuestras narices. Se nos prendió la metafórica ampolleta: éste era el mejor momento para venir a la playa. Olvídate de asarte todo el día, viendo una que otra por aquí y por allá. No; ésto era lo que había que hacer: llegar a la hora de las onces, sentarse en un banco y presenciar la procesión más voluptuosa y carnal que se puede pedir. Era un taco humano– no, era un torrente de bellezas, chicas increíbles, todas vestidas con paños menores y tapadas–como saludo simbólico al pudor– únicamente con unos cuantos granos de arena. Minuto tras minuto, los sutiles codeos y los comentarios apropiados para la voz baja dieron lugar a los gruñidos de cavernícola y los agarrones de mentón, los breves murmullos de "no, no puedo más, mejor nos vamos" seguidos de la petrificación más absoluta, negaciones metafísicas ("no, es que no puede ser..."), y otras múltiples expresiones propias de tres caballeros reducidos a un estado de babeo desvergonzado.

Pasaron diez minutos, veinte. Poco a poco el malecón se vio retomado por gente más normal: familias, viejos paseando, qué sé yo. Para nosotros, el sol ya se había puesto, y teníamos la mente encandilada.

Y qué hacemos ahora? Pues vamos al J Cruz a comer una chorrillana. Y partimos a Valparaíso.



Una mano en el volante, otra mano por la ventana con la cámara.



Unas vueltas por aquí y por allá para encontrar el lugar, y luego un lugar para estacionar el auto.






Y llegamos.



Era mi primera vez en este lugar. Sí, sí, tráguense los gritos de sorpresa e indignación. Por lo menos lo pude conocer ahora!



Toda superficie es un recuerdo, ya sea mensajes escritos en papeles, servilletas, o la pintura misma, o fotos, fotos de carnet pegadas en la pared, o si no figuras de porcelana y otros miles de cachibaches en estanterías de vidrio.









En eso llegaron los músicos. Qué ambiente, qué lugar. Por aquí han pasado miles, es una peregrinación porteña. Y ahora yo, otro más, otra chorrillana más para la mesa dos.

Mis disculpas por la cháchara de Camilo en el segundo video, pero no se me ocurrió pedir que se callaran para grabar.







En eso pasa por la mesa un viejito, uno de esos viejos pulidos y arrugados por el viento de los años. Ofrecía aspirina por una módica suma, y Gustavo compró una tira para aliviar un poco su dolor de cabeza, y un poco la necesidad del viejito. Una examinación más detenida de su nueva compra nos sorprendió:



Y qué sería de una ida al J Cruz sin una foto grupal con los amigos?



Felices, el estómago lleno y la mente todavía repleta de imágenes de la tarde, fuimos exhalados del pequeño universo del J Cruz hacia el mundo real.









Y vuelta, vuelta a casa por la noche porteña.



Amigos, lectores: este artículo no termina aquí. El J Cruz tiene ese ambiente gracias a sus visitantes y los pequeños trozos de su existir que dejan ahí, donde han comido y disfrutado. Los invito a dejar un comentario, por pequeño o irrelevante que sea. O si han estado en el J Cruz, cuenten qué los llevó a Valparaíso, en qué momento de sus vidas estaban. A ver si este artículo se llena de papelitos como aquel especial lugar.


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9 Comments:

Blogger Jorcor said...

Buenísimo... aunque yo aún soy uno de esos que no conoce el J. Cruz. También me encantaría ir con mis amigos en las motos a almorzar allá y después bajar a la playa para reposar :).

Viendo las fotos me recordó mucho a un lugar parecido y que ya tiene fecha de defunción: El rincón de los canallas.

Espero ir pronto a donde Don J.

9:11 AM  
Blogger Alejandro said...

El J.J. Cruz es místico. Pero sus chorrillanas no son las mejores, ok?

Un abrazo para ti, no tenía idea de este mini paseo. Me hubiera gustado ir.

9:34 AM  
Blogger MG y LP said...

Antiguamente, las micros en Santiago eran de distintos colores, y cada chofer la enchulaba a su pinta, con leyendas como "Dios es mi copiloto", "No corras papito", e imágenes como una tuerca que huía de un perno con patas diciendo "sin aceite no...", la palanca de cambio habitualmente tenía una cubierta como de vidrio transparente con un escorpión dentro. La radio de la micro daba cuenta de sí el chofer era un romántico enamorado, o un pachanguero de las cumbias, o un futbolero reprimido, o bien un adicto a las noticias. En las ventanas, cortinas de colores permitían capear el sol veraniego. Y en la parte delantera, los letreros escritos a mano daban cuenta de un arte tipográfico hoy extinto.

Y es que hoy en día, todo eso ha sido reemplazado por la eficiencia de buses verde y blanco, todos iguales, én donde la personalidad del chofer no juega ningún rol. Mucho tiempo antes, cuando las micros dejaron de ser colores y empezaron a ser amarillas, se habían acabado las "calcamonías", las cortinas, los carteles a mano, la comodidad de las micros y liebres en donde si no era hora punta siempre ibas a encontrar un asiento.

El JCruz me remite a esa época, a cuando se coleccionaban boletos de micro para la silla de ruedas, y recién ahí nos dabamos cuenta que habían distintos diseños para cada línea y cada año... a la nostalgia por un tiempo pasado, no necesariamente mejor, pero al desdibujarse por el paso del tiempo, sólo quedan los mejores recuerdos.

Saludos
JP

11:16 AM  
Blogger Ikari said...

Difícil palabra de definir esta de la "Saudade".

Dicen por ahí que es el sentimiento melancólico de una alegría ausente.

Y es porque somos cabrones y queremos pan y pedazo y a pesar de que hoy tengo a mi lado a quien más falta me hacía estando lejos, al ver y leer tu post no dejo de sentir saudades porque fue precisamente con ella que fui por última vez al "Jota".

Un día porque si agarramos transporte y poco más y nos fuimos a la costa porque me hacía falta ver el Pacífico y sentir mar potente y brisa helada en la cara y reirnos de lo mal puesto que está el nombre.

Fuimos conversando y de Viña nos fuimos a Valpo y me acordé del Jota y allá fuimos a comer chorrillana para el espanto de mi médico pero para alegría del espiritu y del estómago.

Buena conversa y como todos, dejamos fotitos carné y coreamos los boleros.

por hoy chega de saudade!

Un abrazo,

Ikari

3:17 PM  
Blogger Fernando said...

Hace ya varios años que no voy al casino social J.J.Cruz... del él, recuerdo unas gratas conversaciones sobre antiguas historias de valparaíso, con aire de nostalgia y sabor a vino, matizado con una tremenda y contundente chorrillana y el grato sonido del acordeón de los viejos trobadores del canto a la noche.

Las tertulias de madrugada con juegos de dominó y conversación sobre la historia de valparaíso, poco a poco fueron desplazados por el contundente bullicio de la gente que se enteraba de esta jollita en la perla del pacífico...

Sin desmerecer las iniciativas personales, el amor por Valparaiso no se hereda con la misma pasión... recuerdo las quejas de un padre por que su hijo no entendía y no quería seguir con la tradición de coleccionar los recuerdos de valparaíso... muchos años después, vi que este hijo, colocaba su propio j.cruz en santiago... fui una vez a verlo, pero no encontré el mismo cariño y la pasíón por mi querido puerto.

Traten de conocer al dueño de este maravilloso ricón, quizás les pueda compartir un poco de la antigua vida de valparaíso.

3:29 PM  
Anonymous Anonymous said...

El J Cruz es notable, lo conocí hace como 10 años una vez que fuimos a Valpo. con mi primo y un compeñero suyo de la U de ese entonces, que había vivido muchos años en Viña y se conocía todas las picadas del puerto.Ahí fue la primera vez que escuché lo que significa una chorrillana.

También me sorprendió ese aire de submundo propio que existe en su interior, el desfile de personajes diversos, la decoración y el ambiente general, en el cual si congelas una fotografía, no podrías distinguir si es la década del 60 o ahora.

PD: En Stgo. se inauguró un J Cruz hace algunos años, en calle Rancagua con Condell, y si bien las chorrillanas son buenas y también existe esa decoración antigua, las paredes plagadas de mensajes, no se siente el mismo aire que en el de Valparaíso.

Rodrigo anónimo, no tengo idea cual es mi password.

4:49 PM  
Anonymous Camilo said...

Por ningún lado son las mejores... -de hecho están bajo la media- pero la onda del lugar es difícil encontrarla en otro lado.

De todas maneras, crítico como soy, estoy seguro que de a poco se irá 'modernizando' y perderá el encanto que tiene hoy.

5:39 PM  
Anonymous Anonymous said...

Pegada por ahí en una pared virtual de tu blog, aquella vez que pasé a conversar, te dejé esta foto carnet, de cuando fuí a la Laguna Diamante.

Saludos
JPL

1:09 AM  
Blogger durandal said...

Adelante, que sigan los comentarios, que esto quede como un mini JJ Cruz.

Saludos,

d.

7:39 AM  

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