Qué bueno verte por aquí, forastero. No importa de donde vengas, lo importante es que has llegado.

Te invito a explorar este sitio, usando el índice general de artículos en la columna derecha. En un par de clicks puedes viajar desde el calor del Valle del Elqui hasta el color turquesa intenso del Lago General Carrera; desde la espuma marina y los pinos de la Costa Central hasta las sagradas cumbres de los Andes Chilenos.

Bienvenido seas, y que tengas suerte en tus andanzas.
durandal

Tuesday, October 20, 2009

Retrospectiva Fotográfica 2008

La primera retrospectiva fotográfica de El Cantar de la Lluvia la hice unos días antes del cierre del 2006. La segunda retrospectiva la terminé en Abril. Esta será publicada en Octubre. Al parecer, pronto me sacaré a mi mismo una vuelta, y estaré publicando retrospectivas con dos años de desfase. Pero ustedes, queridos lectores, me lo aguantan, no?


* * *

e.l..c.a.n.t.a.r..d.e..l.a..l.l.u.v.i.a
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el tercer año en fotos


Capítulo Primero: La Moto Gringa

Había vuelto hace poco de Chile, era la mitad de Enero, la primavera estaba a la vuelta (o por lo menos eso creía) y era hora de conseguir una moto. No un vehículo, no un auto: una moto.

Contacté al autor de un aviso en Craigslist. El aviso no estaba muy bien escrito, la foto era enana, pero dentro de todo se veía como una oportunidad interesante.

Fui a ver la moto a Española, un pueblo que queda al norte de Santa Fé, unas dos horas en total desde Albuquerque. Las direcciones que nos dio nos llevaron por un camino de tierra que se alejaba de la carretera principal. Por aquí y por allá, separados por cientos de metros, habían casas simples, algunas con algo de chatarra afuera, descansando sobre la amarilla tierra yerma del invierno nortino. Así es New Mexico en general. El dueño de la moto era la excepción: tenía una casa enorme, con dos garajes separados. En el primer garaje tenía una cuatrimoto, un dune buggy y la XR650L que tenía a la venta. En el segundo, mucho más grande, un auto deportivo, una KLX250, una tricimoto gigante casera con motor enorme y mucho cromo por todas partes y creo que otro vehículo más. Ah, y la Harley la guardo en mi living, para que esté segura, añadió.

Miré la moto por todas partes, apliqué todo lo que había logrado aprender en los pocos años que llevo en lo de las motos. La vi en excelente estado, y luego de una vuelta de prueba, me la llevé. Estaba preocupado por el proceso de venta, que consiste en firmar el padrón de la moto. No estaba a su nombre, sino que se la había comprado a un amigo y nunca habían hecho el traspaso.

Quizás este detalle pasaría sin más problemas, pero ciertamente daba para pensar, especialmente considerando que Española es la capital de la heroína de los Estados Unidos. En fin; la moto era mía y desde ese día he pasado por todas las pruebas de su legitimidad: saqué y renové el registro, y un policía que me hizo parar pasó el número de la patente por el sistema. Ya que no me tiró al suelo para esposarme, no creo que suceda en el futuro.

Y ahí estaba la moto: una XR650L del '99. Felizmente, el vendedor incluyó un estanque IMS de 4 galones, un set de neumáticos duales con poco uso y una bolsita para herramientas (pero sin herramientas). Además incluyó el tubo de escape de fábrica, ya que traía puesto un Supertrapp.



Con el tiempo fui dejando la moto a mi gusto: le puse soportes laterales para alforjas, termómetro de aceite, protectores Acerbis, le hice modificaciones al carburador, cambié el filtro de aire por uno de espuma y le coloqué un cubrecarter de XR650R. Los días seguían fríos, no tenía herramientas ni jaba cervecera para subir la moto. De verdad me sentía en pelotas. Pero tenía moto, tenía vehículo al fin.

Ese semestre tomé mi primer ramo de óptica en la U. Estaba harto de la teoría, y quería darle un intento serio a lo experimental.



Hice mis primeros paseos. Estaba mal equipado: no tenía bototos, apenas rodilleras y guantes nuevos. Los guantes tenían varios puntos de presión y fricción, y no era grato usarlos. Tardaron bastante en suavizarse un poco.



Por ahí escuché algo del San Lorenzo Canyon, y decidí investigar.



También di mis primeras vueltas por el noreste, hacia las Jémez, donde tarde o temprano terminaría pasando el verano.



Descubrí que al noroeste de Albuquerque se termina lo plano, al borde de la comunidad de Río Rancho: una caída abrupta, de unas decenas de metros de alto, da paso a una planicie arenosa, supongo que será un antiguo lecho fluvial.



Por esos días me hablaron de Cabezón Peak.



Tuve que ir a conocerlo. (click)



No fue motivo de ningún paseo, pero no podía pasar por alto la documentación y diseminación de estas esculturas en la UNM.



Sí, forripilantes. Mi título personal es Travesti mexicano se gana el pan de cada día.

Miren esas manos.



Esos pezones tapa de botella.



Se vino finalmente el viaje a Chile. A unos minutos del aterrizaje, el Aconcagua.



El smog y la bruma matutina me dieron la bienvenida.



Por esos días andaba mi prima inglesa en Chile, de paseo y trabajo. La llevé a Calle Lira a pasear.



Mis amigos me llevaron a descubrir el Cerro Renca, uno de los varios cerros isla que irrumpen en la monotonía urbana de Santiago. (click)



Y el smog andaba pesado.



Resultó ser un buen lugar para ir, especialmente después de una lluvia, cuando la tierra estaba esponjosa y mis neumáticos se agarraban bien.



Rodrigo y su hermano, Daniel, quien más adelante venderia la moto. Músico de profesión, no podía arriesgar lastimarse las manos.



Ciertamente el pibe le daba fuerte a la moto.



En esos días había comenzado a leer acerca de las técnicas del HDR y el tonemapping, procedimientos algo tediosos que a veces podían producir nuevas formas de mirar escenas de otra manera aburridas.



Una de mis favoritas.



Un paseito a la Cuesta La Dormida con Constantino, pero en el auto.



Y otra ida al Cerro Renca.



Y otra.



Y otra. (click)



Una visita nocturna al departamento de David, en el centro.



Con Rodrigo nos tiramos al Cajón del Maipo, nieve y todo. (click)



Y con eso, se terminó el viaje a Chile. Al día siguiente de llegar, me tocó partir a Los Alamos, mi primer verano trabajando en el Los Alamos National Lab.



Y aquí, más o menos, está el resultado de ese verano.



No me quedé quieto durante ese tiempo, explorando por aquí y por allá.




Al norte.



Con los demás estudiantes internacionales de la UNM partimos a Taos. Dos noches en un albergue de la Hostelling International. Qué paseo!



El Pueblo de Taos, donde te afilan no sólo con entrada para pasearte por las calles de tierra, sino que, además, te cobran si quieres llevar cámara. Un asco.



Ah, a propósito. Por esos días también publiqué un artículo sobre cómo firmar tus fotos, como hago yo. No es para todos, pero al que le sirve, le sirve.

Llegó Octubre, y el Albuquerque International Balloon Fiesta trajo cientos de globos aerostáticos a la ciudad.



Y ese de dónde salió? Pues del globo de Darth Vader, naturalmente. Son belgas.



Un día tuve que conceder que el tener cámara en el celular realmente vale la pena.



Durante un buen tiempo no hice paseos, pero sí saqué algunas fotos.



De paseo urbano-fotográfico con Anisa, una amiga chilena que vive aquí.



Decoré mi cajita postal en el Departamento de Física en la U. En todo ese departamento, hay una sola persona desagradable y áspera, y es la que trata con más gente a diario. Sospecho que por obra suya este papelito desapareció al par de meses. Incluso su reemplazo, que decía The Great, sufrió similares consecuencias. Hay gente que pintaría el mundo con una brocha gris si tuvieran la oportunidad.



En el departamento de física no existe interruptor sin decoración. Al parecer fue proyecto de un estudiante de arte hace un tiempo. Son completamente sinsentido e incongruentes. Saben lo que es un Lissajous figure?



Publicaciones amarillentas de uno de los profesores, algunos con décadas encima.



Una pequeña fuente de agua.



Por fin tocó escaparme a Miami, para visitar a Constantino. Por esa época vivía a una cuadra de Lincoln Avenue, el paseo peatonal principal del South Beach. Lo interesante fue escuchar los idiomas que hablaba la gente al pasar. En orden de frecuencia: 1) argentino/uruguayo, 2) latino genérico, 3) inglés.



Leer en la playa. Qué lujo.



Ya de vuelta, una ida fallida a las montañas detrás de Santa Fe para ver los colores otoñales resultó en un encuentro insólito: un grupo de motociclistas sordos. Pasamos la tarde en una cabaña en el bosque tomando cerveza y conversando, tipeando en el celular de uno de ellos.



Prueba fehaciente de que la gente estúpida (o simplemente profundamente egoísta) abunda.



Ese año había tomado mi primero curso experimental, y había pasado tiempo en el laboratorio en Los Alamos. Para no quedarme de manos cruzadas al volver a Albuquerque al siguiente semestre, comencé a pololear a un profe belga, tomando un par de horas a la semana en uno de sus laboratorios con la idea de aprender cosas por aquí y por allá. La verdad es que la iniciativa no llevó a nada; luego del clima de precaución fundada y seguridad personal que existe en LANL, el laboratorio donde ofrecí mi ayuda no me dio confianza alguna. Tomó varios meses encontrar un par de gafas que yo pudiera usar para proteger mi vista de los láseres. Para entonces, honestamente, había perdido el interés.



Llegó Thanksgiving, y partí a Denver a visitar a Tom, el mismo que conocí en la Carretera Austral. Y le entregué su vaso de cerveza D'Olbek.



Ah, éste es Tom en su casa.



Cayó la primera nieve, hacía frío.



Y por fin llegó Diciembre, y pude viajar a Chile.



Un paseo con Alvaro sirvió como base para uno de los artículos más largos e introspectivos que he escrito hasta el momento.



Aproveché de usar mi nueva cámara, una Canon 450D.



La puse en una caja Pelican con relleno de espuma prepicada.



Ni vibraciones ni golpes afectarían la cámara.



Otro paseo al Embalse El Yeso, con Rodrigo.



Qué lindo, no?



De este paseo salieron varios fondos de panalla.



Nadie me pudo acompañar ese día, así que me fui solo a la Laguna Piuquenes.



Este viaje le llevé un montón de cosas a Camilo, porque se había comprado una TTR250. Me acompañó a Lagunillas.



Un paseito de Valparaíso a Ritoque no le hace mal a nadie!



Qué recuerdos..



Dio la casualidad que el rally anteriormente conocido como el París-Dakar ahora sería entre Argentina y Chile. No los vi corriendo, pero sí los pillé en su día de descanso.



Y falta solamente mencionar un último paseo de ese verano: la tercera ida a las Lagunas del Santuario. (click)



Y de ese paseo salió lo que es hoy mi fondo de pantalla.



En el 2008 cambiaron muchas cosas, y en general, para mejor. El paso que di hacia el lado experimental de la física fue un paso medio a ciegas, medio Luke Skywalker, pero escribiendo esto a mediados del 2009, sé que fue un paso certero.

Sigan atentos al resto de las aventuras del 2009 que falta por publicar!

Tuesday, June 02, 2009

Las Lagunas del Santuario 3: Montañas y Sorojchi

Este artículo viene ridículamente atrasado. Corresponde al último viaje que hice en enero de este año, y lo he tenido en pausa durante un semestre entero. Ya estoy en Chile otra vez, y recién ahora lo vengo a publicar.

Éste fue el primer paseo en el que me di cuenta que las panorámicas eran la mejor manera de mostrar el entorno, mucho más allá de las posibilidades que ofrece una sola foto. Así que le di rienda suelta a las panorámicas. Diría que hay unas cuarenta. Espero que el gentil lector no se sature. Recuerda: todas las panorámicas son links a fotos de mayor resolución.

Al grano, entonces. Era la última semana de mi estadía y también la última oportunidad que tendría de salir a pasear. Quedaban algunos paseos pendientes que no había podido realizar, pero éste era el más importante: volver, en verano, a las Lagunas del Santuario. Rodrigo ya se había devuelto a Panamá, donde estaba trabajando y según recuerdo Chico no quiso salir porque al día siguiente iba a participar en alguna carrera. Hice algunas otras llamadas, y me quedó claro que la situación era preocupante: hasta el momento, no tenía quién me acompañara. Ir solo a las Lagunas del Santuario, ni loco.

Por los foros me puse en contacto con Felipe y Nico, quienes se animaron a ir.

Del comienzo al primer descanso, no hubo ninguna novedad. Ahí Felipe partió a buscar un geocache dejado por Run, hace año y medio, en mi primera ida a las Lagunas del Santuario. Ahí estaba la lata de almendras, con su bitácora y su regalito.



Era hora de ponerse crema solar.



Seguimos adelante, y si bien el paisaje no estaba tan floreado como en la ocasión anterior, sí había manchones de color por aquí y por allá.



Uno de los tramos más fáciles del camino de subida.



A veces la huella era buena, fácil. A veces no.



Y él? Qué hacía allá arriba? Por primera vez nos encontrábamos con alguien en la casa de la quebrada.



No hay nada más acá arriba. La casita, unos animales, y sería todo.



Ahí Felipe y Nico conversaron con su dueño. Les contó que se quedaban en esa casa para llevar a los animales a las veranadas. El tramo de Santiago a ese punto les tomaba 5 horas, y en el invierno, era necesario salir por el camino que va hacia la mina.

Hoy estaba abriendo un cauce para que corriera agua de las vertientes que brotaban un poco más arriba en el cerro. Con esa agua regaría más abajo, para que creciera más pasto.



Luego del largo y sinuoso camino, llegamos a lo alto y plano.



Nico y Felipe andaban a paso seguro y constante, a pesar de su poca experiencia en tierra.




A lo lejos, el Cerro Manquehue y el resto de Santiago, bajo su capa gris de smog.



Adelante, adelante. Ésta era solamente una fracción del camino que nos esperaba.



Pero eventualmente uno llega a las lomas de los cerros, y el andar es más rápido, más fácil.



Con cuidado de no asustar a las vacas, seguimos cuesta arriba.



De ahí, al túnel. Esta vez no se me apagó el motor con el agua fría. Y fue un alivio poder salir del sol y el calor.



Del otro lado del túnel subimos a las antenas.



Hay una huella angosta que lleva a no sé dónde. Mientras Nico y Felipe siguieron por el camino principal, yo me aventuré a explorarla.



Era más pronunciada de lo que parecía, y la tierra estaba seca y suelta.



La huella se hizo angosta, y no quise aventurarme más allá, particularmente por estar solo y con tanto peso en la moto. Los otros dos ya habían seguido por el camino principal, y los había perdido de vista.



Me devolví.



Llaretas (azorella compacta) vivas y muertas. Sabían que crecen aproximadamente un milímetro por año?



Una parada para descansar, mirar la vista. Los cerros comenzaban a mostrar sus verdaderos colores.



Aquí y allá aparecían vertientes, zonas verdes donde algunos caballos pastoreaban.



Pequeños oasis de verde en un paisaje seco, seco.



Una parada para descansar.



Hace cuánto tiempo habrán estado estos huesos aquí?



Y seguimos por el camino.



Una de las alternativas de ruta estaba cortada por la nieve. Me pregunto cuándo se librará. Marzo? Abril?



Y por fin llegamos a la primera laguna, la Laguna Collara o Acollarada, según distintas fuentes. Ahí Felipe dejó otro geocache.



Mi almuerzo, inflado como globo por la altitud.



Algún día iremos a navegar esa laguna con Rodrigo. Algún día!






Calor, calor.



Sabías que las flores de las llaretas son hermafroditas?



Daban ganas de quedarse remojando en el agua. Se imaginan qué lujo?



Una de las últimas vistas hacia el Valle Central.



Y un largo camino por recorrer todavía.



Seguimos adelante. Lo mejor estaba todavía por venir.



Sonríe!



La falta de potencia por altitud era ya notoria.



Otra laguna más.



Nos falta uno? Habrá parado? Me pasó ya, o se quedó atrás?



Ah, ahí está.



Por fin, a lo que vinimos. Las vistas espectaculares.



Paparazeando.



Pero cómo no hacerlo? Quién no lo haría en este lugar?



De ahí faltaba poco para llegar a la torre pequeña. Por si no la recuerdan, aquí está el año pasado, cuando fui con Rodrigo y Daniel.



La torre está al final de una subida sinuosa de piedra suelta. Yo subí sin dificultad, pero Nico y Felipe se quedaron atrás.



Subí hasta la grilla, pero no la pude levantar. Tampoco hice gran esfuerzo. Me esperaban abajo.



Se imaginan estar allá arriba?



Ésta se merece una toma un poco más ancha.



Por el otro lado, los caminos que eventualmente llevan a la mina de La Disputada.



Me acerqué al borde para ver si los veía.



No estaban por ninguna parte, así que tuve que bajar.



Los encontré mirando los planeadores. Sí, planeadores.



Iban y venían, iban y venían. A veces a mayor altitud que nosotros, a veces a menor altitud, por el valle.



Allá lejos, una laguna misteriosa. Ni idea si es posible llegar a ella.



El año pasado vi un sólo planeador. Esta vez, habían cinco. Volaban por arriba y por debajo de nuestra posición sin más que un ruido de viento y, a veces, los tonos del indicador de velocidad vertical y la estática de sus radios, apenas audibles al aguantar la respiración.



A veces nos miraban al pasar. Éste piloto usaba un gorro de tela, y no puedo evitar imaginarme la camiseta Lacoste y el reloj caro. :P



Unos llegan por el aire, unos llegan por la tierra. Pero de alguna manera u otra, llegamos todos a la Cordillera.



Era hora de seguir adelante. Nico y Felipe estaban demasiado cansados como para seguir, así que se devolvieron. Seguí solo.

Si es que no lo saben ya, recuerdan cómo se llaman estas formaciones de nieve? Les conté en el artículo pasado.



Se merece una toma más ancha.



Aunque estar solo en la Cordillera no es buena idea, no se pueden imaginar lo que comencé a sentir unos minutos después de despedirme de ellos. Estás en la cima del mundo, todo brilla con colores intensos, y lo tienes todo para ti. Vas montado sobre unos cien kilos de metal y gasolina y goma y aceite, y su esquelética forma logra impulsarte sin esfuerzo a donde quieras llegar. Unos vuelan por el aire, puros e intocados, otros vuelan a ras de suelo, envolviéndose de polvo y comulgando con la Pacha Mama.



Es como para quedarse el día entero mirando, absorbiendo colores.



A lo lejos, las torres de alta tensión.



Y para allá iba, hacia la Laguna Los Ángeles, el destino final.



El camino empalma con la ruta que lleva al Paso Los Libertadores.



Ya en la parte más alta del valle, tenía una vista más clara y cercana.



De ahí a la primera laguna no habrán pasado más de cinco minutos. La nieve ya se había retirado del camino, a diferencia del año pasado, cuando nos vimos obligados a cruzar por un campo de rocas de todos los tamaños. Pero hoy no sería así.



Las nubes pasaban, silenciosas, arrastrando sus mantos de sombras por el valle.



Podría haberme quedado horas aquí mismo, en este mismo punto, quizás remojando los pies, escuchando la brisa, el silencio. Pero siempre había que seguir adelante. No podía darme el lujo de arriesgar el anochecer aquí arriba, en caso de un pinchazo. Andaba solo; todavía albergaba la esperanza de alcanzar a Nico y a Felipe, dada la diferencia de nuestros ritmos de andar.



Se imaginan lo que es estar ahí?



Y otra cosa había comenzado a recordarme que mi tiempo aquí era limitado: un incipiente dolor de cabeza.



Pequeñas maravillas de la cordillera.



Y una vista poco más ancha.



Da la impresión de estar en el norte, bien al norte, pero no: estamos a unos kilómetros de Santiago.



En la Laguna Los Ángeles me encontré con dos motos estacionadas. Bajé a la orilla, y ahí estaban sus dueños, pescando. Conversamos un rato. A eso habían venido: a pescar. Qué cosa más insólita. Nos despedimos, y comencé a equiparme otra vez: era hora de dar la vuelta y bajar. Paré un poco más allá para rellenar mis botellas de agua con nieve. Me pregunté si el dolor de cabeza habrá sido por deshidratación. Tomé aguanieve, comí maní. Nunca la nieve sola.



Más fotos. No quería irme.



Cómo querer irse de un lugar así?



Las paredes del valle reflejaban el sol, todo era increíblemente brillante. Me dolían los ojos, pero no puedo tomar fotos con la cámara grande y usar lentes a la vez. Con la cámara chica sí puedo, si ladeo la cabeza para poder ver algo en el visor LCD, alineando la polarización de mis lentes con la de la pantalla.



La cabeza me había estado doliendo, pero hasta ese momento lo había podido ignorar. Subiendo por segunda vez hasta el punto más alto del recorrido, sentí claramente, en los pocos minutos que me tomó ascender desde el valle hasta la loma, cómo mi corazón comenzaba a latir con determinación y fuerza. Sentía cada bombeo como un golpe en el pecho, lo escuchaba en los oídos, la cabeza me retumbaba al son. Esto no iba bien.



Me quedó claro que tenía que bajar pronto, porque este tipo de cosas no desaparecen solas. Las fotos, de ahí en adelante, fueron apresuradas, el tiempo mínimo para detenerse, sacar la cámara chica y tomar un par de fotos a ciegas.



En retrospectiva, no sé por qué no me detuve a tomar un par de aspirinas. Llevaba el botiquín completo amarrado al tapabarro delantero, y además siempre llevo algunas en el banano de la cámara chica, en el manubrio. Pero en esas situaciones ya no piensas al 100%, otras tonteras te dominan el pensar.



Una sola vez me he sentido así, aunque sin tanto bombeo de corazón. Fue en un viaje a Pucón, para una conferencia de Óptica Cuántica. Me tiré a hacer más de 40 km en bicicleta, la mitad en camino de tierra, dándole fuerte con un estado físico de cero entrenamiento. Terminé sentado en la cama de mi habitación, sin poder reclinarme sin causar dolor de pecho y acentuar el dolor que me producía respirar. Lo más raro: al día siguiente me sentía como si nada hubiera pasado. Misterios del cosmos.



De haber tenido el tiempo para sentarme a la sombra de la moto, habría visto como avanzaban las nubes. Pero no había tiempo.



El comienzo de la larga bajada.



Me habría gustado dedicarle más tiempo a este sastrugi. Acostarme al lado de él buscar quizás una macro, alguna toma de dos planos, pero no podía. Tenía que bajar.



A veces dan ganas de tener una moto de más motor, estar sin tanto peso, y lanzarse por las lomas y laderas vírgenes de los cerros.



Ya al otro lado de la loma, tomé por error el camino errado. Con el GPS registrando la huella y todo, había logrado meterme por otra parte, y no me di cuenta sino mucho después, estando en el fondo del valle.



Tuve que subir otra vez. El paseo ya estaba muy decididamente en etapa de retorno, y no quería permanecer más tiempo a esa altitud. Por más que descansara, que me quedara inmóvil, que tomara agua, que respirara profundamente, nada quitaba el bombo que llevaba en el pecho, el zumbido en mis oídos y el dolor de cabeza. Ya me dolía al respirar. Esto no iba bien.



Las siemprepresentes nubes veraniegas sobre la cordillera. La maravilla de esta ruta es que no se adentra tanto, sino que sigue un rumbo más nortino. En consecuencia, las nubes de la tarde no tapan el sol.



Camino errado tras camino errado. Ya no estaba pensando de manera clara. Tenía la ruta ahí mismo en el GPS, pero todas las rayas rosadas se entrecruzaban, no había forma de distinguir la ruta correcta de los intentos errados. Dejé de prestarle atención.



Las dos veces anteriores que he hecho este recorrido, he terminado absolutamente molido para cuando toca comenzar a bajar la interminable huella de vuelta a Santiago. Las dos veces he tenido caídas por cansancio. Esta vez no fue una excepción.



Por suerte caí sobre roca molida, sobre el muslo derecho, y no sobre el glúteo, donde tenía un par de puntos hechos recientemente. Eso es suerte.

Parar la moto fue lo más difícil de todo el paseo. La cabeza me nadaba y el corazón parecía querer escaparse por mi boca. Temía desmayarme. Cada respiro me dolía en el pecho.

Seguí cuesta abajo, un tambor sobre dos ruedas, pum pum pum pum pum. No daba tregua.

Justo por ahí cerca de la pasada hacia Shangri-La me encontré con otras dos motos. Paramos a conversar un rato. No recuerdo mucho de lo que hablamos. Creo que uno ubicaba de nombre El Cantar de la Lluvia. Tomé lo que quedaba del agua, nos despedimos. No lo sabía en ese momento, pero tenía fiebre. Mencioné que, en mi apuro por concretar el último paseo del viaje, había salido al cerro con las últimas patadas de un resfrío?

Tenía la difusa esperanza de encontrarme con Nico y Felipe antes de llegar a la entrada del parque, pero no los encontré.

En la caseta del guardaparque no cambié mis guantes por los de cuero, no volví a subir la presión de los neumáticos antes de pasar a la calle. Quería llegar a casa. No me daba ni el ánimo ni la energía.

Cuando finalmente llegué a casa, no podía oír bien. Tenía el mar en los oídos, y al ladear mi cabeza, el sonido del mar cambiaba, cambiaba. Subí a mi cuarto y me tiré a la cama. Hacían 30ºC según el termómetro en mi estante de libros, y con el efecto sauna, fui recobrando la normalidad, eventualmente pudiendo arrastrarme hacia la ducha.

Fue el paseo más duro de todos los que he hecho, pero estaba feliz de haber logrado obtener las fotos que buscaba antes de partir de vuelta a los yunai.

Las weás que uno hace por comulgar con la Pacha Mama, no?

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Sunday, April 19, 2009

Rally Dakar Argentina-Chile 2009

Por esas cosas de la vida la mítica carrera Paris-Dakar, que venía corriéndose desde el '79, se realizó por primera vez en el continente americano, entre Buenos Aires y Valparaíso. Pero la ruta ya había sufrido modificaciones. De hecho, consideren:
  • 1979–1980: Paris–Dakar
  • 1981–1988: Paris–Algiers–Dakar
  • 1989: Paris–Tunis–Dakar
  • 1990–1991: Paris–Tripoli–Dakar
  • 1992: Paris–Cape Town
  • 1993: Paris–Dakar
  • 1994: Paris–Dakar–Paris
  • 1995–1996: Granada–Dakar
  • 1997: Dakar–Agadez–Dakar
  • 1998: Paris–Granada–Dakar
  • 1999: Granada–Dakar
  • 2000: Dakar–Cairo
  • 2001: Paris–Dakar
  • 2002: Arras–Madrid–Dakar
  • 2003: Marseille–Sharm el-Sheikh
  • 2004: Clermont-Ferrand–Dakar
  • 2005: Barcelona–Dakar
  • 2006-2007: Lisbon–Dakar
  • 2008: cancelled
  • 2009: Buenos Aires–Valparaíso–Buenos Aires
(Fuente: Wikipedia)

Yo tuve la suerte de estar en Chile para su venida, y más aún, de toparme con los vehículos en la Ruta 5. No andaban en carrera, sino que venían tranquilos luego de pasar el Paso Los Libertadores desde Argentina, donde los retrasos aduaneros habrían hecho ridículo cualquier intento de competir. Además al día siguiente tendrían un día libre en Valparaíso, para descansar.

Me limitaré a poco más que compartir las fotos y los nombres de los pilotos.

La primera moto me la encontré afuera de una Copec en la Ruta 5 Norte. Su piloto había sido tentado por el hambre.

095 LIBBRECHT Franck (FRA) - KTM 690


Fue interesante ver su equipamiento. La gente se sacaba fotos con la moto. Algún wevoncio incluso se subió, pero no pasó a mayores.



Poco a poco comenzaron a llegar más vehículos. Algunos seguían de largo. Habrán comido ya o se habrán estado aguantando el hambre.



Incluso se aparecieron unos vecinos.



Era interesante ver el estado variable en el que pasaban las motos. Algunos hechos una bola de tierra, otros a medias, otros impecables.

009 VILADOMS Jordi (ESP) - KTM 690 RALLYE


Algo nuevo para mi: los camiones de carrera. Al comienzo pensé que eran camiones de apoyo, pero no: son camiones de competición hechos y derechos.



Ven las barras de refuerzo en la cabina?



Al fin y al cabo mucha de la superficie externa de estos vehículos no es más que un cascarón desechable de fibra de vidrio.



Pero ciertamente no en el caso de las motos.

101 JUNCO ANDRES Aurelio (ARG) - KTM 690 RALLY


Éste tuvo un problemita.



Otro con un problemita.

125 KOOLEN Kees (NLD) - HONDA CRF 450 tirando de 138 VAN DER LAAN Johan (NLD) - HUSQVARNA TE 450.


De la Copec pasé a un peaje. Supuse que sería una buena oportunidad para tomarles algunas fotos con la luz del atardecer, sin que estuvieran ni detenidos ni pasando a 120 km/h.

127 MAION Mauro (FRA) - BETA


Sólo puedo imaginar el cansancio.



Unos metros más allá del peaje estaba un camión HAZMAT del primer cuerpo de Bomberos de Llay Llay, dándoles una lavada de cortesía y bienvenida.






227 BRAAT John (NLD) - KTM 690 RALLYE


Algunos se detenían, algunos seguían de largo.






Había una buena cantidad de gente que se había detenido a mirar, como yo.

171 MAS Thierry (USA) - KTM 525 XCW


Y con eso llegamos a esta notable foto. Pilotos de una carrera a nivel mundial obligados a pagar peaje, hurgueteando en sus bolsillos, las manos tiesas por el cansancio, las monedas cayéndose, la falta de moneda local, la incomprensión a veces total del español, o en casos mejores, del acento chileno. A los gerentes y administradores de la autopista, a ustedes les digo: weeeena compadres. Qué espectacular muestra de provincialismo y falta de creatividad.

178 SCHIANO Eric (FRA) - SHERCO 250, 154 PENNARUN Philippe (FRA) - YAMAHA 450 WRE, 052 BONNET Pierrick (FRA) - KTM 660.


052 BONNET Pierrick (FRA) - KTM 660


Poco a poco fueron pasando.



178 SCHIANO Eric (FRA) - SHERCO 250


Uno que otro haciendo un wheelie para los niños.



No faltó el típico quiltro chileno, presente en todo acto público.









Qué solape más extraño. Un hombre viajando a su casa, esperando el bus intercomunal como todos los días, y una quad del Dakar.



267 CARLINI Eric (FRA) - POLARIS OUTLAW 525


La luz se iba, la espera entre cada moto se hacía más y más grande.



Qué les parece, eh? Porque verás como reciben en Chile al amigo cuando es forastero.

213 IRVINE Sunny (MEX) - YAMAHA WR 450, 230 SLAPSYS Mindaugas (LTU) - KTM 690 RALLY


Y finalmente, lo más raro de toda la tarde. Tres motos impecables, tres pilotos impecables, tres apellidos idénticos.

160 DOMET Arnaud (FRA) - YAMAHA 450 WRF, 161 DOMET Bertrand (FRA) -YAMAHA 450 WRF, 162 DOMET Philippe (FRA) - YAMAHA WRF 450


Buscaban dinero. No hablaban castellano. Alcancé a escuchar un vas-y, vas- y, equivalente al dale, dale que tantas veces nos hemos dicho entre Rodrigo, Chico y los demás cuando uno paga y el otro tiene que pasar para activar el sensor de la barrera.



Esperé un buen rato más, pero la luz se había ido y había que seguir con el paseo.

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