Tuesday, February 10, 2009

Al Embalse El Yeso Con Rodrigo

El pulso del Cajón del Maipo es lento según nuestros estándares. Su corazón late una vez al año. No tiene apuro. La tierra le da una vuelta al sol, y late. Otra vuelta al sol, y late. La última vez que estuve en la rama del Embalse fue en el invierno, la diástole andina. Ahí Rodrigo y yo no llegamos mucho más allá de la recta larga, pataleando en la nieve.

Este relato comienzo más allá de donde paramos para dar la vuelta.



Rodrigo había ido en la Transalp. Solía quejarse de que en el Cajón del Maipo no había nada interesante para hacer, era una ruta lineal: por donde vienes, te devuelves. Asegurado de que no se perdería de ningún endureo interesante, ya que yo andaría con la cámara, decidió ir en la moto grande.




En la parrilla de la moto llevaba la caja Pelican, favorita de motociclistas de aventura que quieren fabricar panniers baratos pero resistentes. Es de plástico grueso, rellena de espuma prepicada y de sello hermético. Garantizan su integridad física en toda situación, salvo contra osos, tiburones y niños menores de cinco años. No, en serio.



El adaptador Opteka de 0.35x no es tan malo después de todo. Como es adaptador, y no una lente, tiene visión de túnel, pero ésto a veces no es tan malo. La aberración cromática, sin embargo, es terrible, pero Potochop lo corrige fácilmente.



En algún momento de este viaje tendría que lavar la moto, pero todavía no. Me gusta así. En su elemento, cubierta de tierra. Al darle palmadas a la piel de oveja, salen nubes de polvo andino, como una oveja de verdad. Qué más podría pedir?



Desde cuándo que habrán estado estos marcadores de camino? Alguna vez fueron anaranjados, quizás? El sol de la cordillera los blanqueó.






Qué frustrante es estar limitado al camino. Qué envidia le tengo a los andinistas, por avanzar con determinación de escarabajo hacia su objetivo. Pero supongo que ellos, también, se frustran por sólo poder seguir la huella en áreas difíciles.



Con la parrilla enteramente ocupada por la caja, no había forma segura de amarrar la mochila. Usé el pulpo que llevé a la Carretera Austral, con el elástico completamente vencido e inservible. Va sin decir que me jodió durante todo el paseo.



En la caja llevaba la cámara con la lente Canon EF-S IS 18-55mm de f/3.5-5.6, la lente de carretes EF 50mm f/1.8 y el convertidor Opteka de 0.35x, todo firmemente acolchado por la espuma. Lo único que me preocupaba era que las sacudidas y vibración dañaran algún componente interno de las lentes o la cámara. (click)



También había llevado la cámara compacta, la A720IS, para tomas rápidas y aprovechar su zoom de 6x.



Algún día tendré que llevar un bote inflable al Embalse el Yeso.



Beneficios de un filtro polarizador: reducción drástica de reflejos, posible reducción de luz atmosférica en la distancia. Cosas no tan buenas: en tomas anchas, el cielo adquiere patrones raros de tonalidad.



Pero cuando la toma es más cerrada y abarca un ángulo sólido más pequeño del cielo, no hay problema.



Mr Impaciencia, en la distancia.



Era un poco confuso tener a mi disposición tantas opciones fotográficas. Antes, era cosa de parar, sacar la cámara y prenderla, a veces usar el modo evaluativo de exposición, a veces el modo spot, elegir zoom y componer. Listo.

Ahora, si decidía usar la cámara grande, debía parar, abrir la caja, sacar la cámara y sacar algunas fotos. Luego colocar el convertidor de 0.35x y sacar algunas fotos. Luego quitarlo, y colocar el filtro polarizador y sacar algunas fotos. Luego colocar la lente de 210mm y sacar fotos. Se imaginarán el hueveo. Con esa serie de pasos, la inspiración se me agotaba. De cuántas maneras puedes fotografiar lo que te rodea? Por si fuera poco, sabía que Mr Impaciencia me esperaba un poco más allá.



Pasaron algunos autos con su consecuente nube gigante de polvo. Metí la cámara a mi chaqueta y corrí a cerrar la caja a tiempo.



Qué ganas de sentarse aquí toda la tarde, armar un picnic, mirar cómo gira el sol en el cielo.



Cómo las nubes se forman y desaparecen, sombreros fantasma.



(click)



Este acarreo me fascina. Por el momento verán sólo su parte más baja, cerca del camino, sobre el cual estoy parado. Si son conocedores del Cajón, o tienen buena memoria, sabrán cual es.



Cómo sería subir, subir, subir por la piedra suelta, la arena? Qué vistas obtendría?



Pero no importa. Ya tendría suficientes vistas desde el Embalse.



Por ahí exploramos un camino lateral, sabiendo que no llevaría a ninguna parte.



Y otra vez, más ancho. (click)



Si Rodrigo tuviera Facebook, sería una buena foto de perfil. Pero es uno de los pocos tercos que conozco que se niegan hacerse una cuenta.



Yo subí, y recordé que fue donde vi el cóndor. Pero con la moto cargada no tenía intención de ir demasiado lejos.



Y una vista más ancha. (click).



Difícil comunicar la escala del valle. Por más zoom que tenga la cámara, lo enfocado siempre será gigante, enorme.



No sé por qué, pero ese día había una luz especial, una luz eterna de tarde larga. (click).






Éste es el acarreo del cual les hablaba. Una de mis fotos favoritas.



Cómo sería llevar una carpa ligera e instalarse allá arriba, a la izquierda?



Seguimos por el valle, el sol a nuestras espaldas.



El montículo y la casa, dos objetos que para mi son un misterio.



A ver, lectores. Identifiquen este cerro.



La verdad creo que nunca he visto a alguien en este refugio.



Pero en éste sí. Tiene generador, suele haber una camioneta afuera. Seguramente tendrá algo que ver con la yesera.



Y aquí, el montículo misterioso. (click).



Esta vez noté algo en el montículo que no había notado antes.



Y fue por ese entonces que nos dimos cuenta que la luz se iba, el sol finalmente había logrado esconderse tras alguna loma distante. Decidimos jugar un rato ahí mismo, para luego volver. No tenía sentido seguir hasta las Termas, particularmente considerando que algún descriteriado hoy por hoy está cobrando por el acceso.

Por el valle, Rodrigo apenas un punto de luz.



Y por encima, una panorámica de la majestuosa cordillera. (click).



Y ahóra qué, nos dijimos. Unos retratos? Bueno, dale.






Ah, sí. El bigote. Octubre 2008 - Febrero 2009. QEPD.



Algunas tomas a la pasada, de alta velocidad. La verdad es que aparte del polvo, no es tan necesario ir rápido. A la cámara no le importa.




Ah, pero aquí sí importa.



Una última mirada a los cerros, a modo de despedida, y vuelta a casa.

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Sunday, February 01, 2009

A La Yesera Con Alvaro



Muchas metáforas se han ideado para ilustrar el concepto del tiempo y su avance. La que más prefiero es la de una rueda, una noria grande, muy grande, gigante incluso. Su tamaño a veces es imperceptible, y parece una superficie plana, como la tierra. Pero si te alejas mentalmente, y abarcas más y más paletas de la noria, va emergiendo una curvatura leve, la curvatura se torna curvatura seria, incluso se divisa un cuarto de círculo y te das cuenta que, efectivamente, la rueda gira. Para mi, eso es el tiempo.



De chico y de grande (diría entonces que de chico, mediano y grande?) me ha fascinado el avance inexorable del tiempo. Los momentos que más recuerda uno son aquellos momentos en los que el avance de la gran rueda es o demasiado lento o demasiado rápido; pareciera que, como humanos, estamos destinados a quejarnos y lamentarnos por su velocidad de giro, aunque ésta es fija.

Lo que me maravilla no es sólo el hecho que su avance pueda percibirse de manera tan, pero tan distinta, sino que, además, podamos imaginarnos otras paletas futuras, y cómo nos sentiremos al respecto. El tiempo volará, en aquel momento futuro? O cada minuto parecerá un día? Cómo será estar en aquel momento, y mirar hacia atrás, y recordar el momento en el que mirábamos hacia adelante? Es como para terminar con el cerebro hecho un nudo.



Antes de partir a Chile me preguntaba cómo sería llegar allá, y haber estado un sólo día. No, ni siquiera: menos de un día, los momentos antes de dormir por primera vez desde Mayo en mi cama. Se sentiría bien, sin duda. Lo anhelado todavía estaría casi enterito, más del 90% por gastar todavía. El perfume favorito estaría casi lleno, así que démonos el gusto de dos apretones en vez de uno.

Pasaría un día, dos días. Recordaría el estar en Albuquerque, imaginando este momento. Recordaría que imaginé también ese detalle: que estando en Chile recordaría las veces que me había imaginado estando en Chile. Atado el nudo temporal, me dedico a pensar en otras cosas.



En estos juegos mentales del tiempo y sus imágenes podría pasar horas. Pero no lo hice ni lo hago. Creo que basta un breve saludo militar a las imágenes del yo futuro, y luego a construir el presente: más no se puede hacer. La rueda gira con el momento angular de la tierra entera, inexorable. Gira porque gira. Avanza porque avanza.

Si alguien pide detener el tiempo, demuestra que no ha entendido nada: vuelva usted al cuadrado inicial, pierde un turno, entregue su ficha de plástico moldeado y reciba en su lugar este botón quebrado, por tonto.



Cabe preguntarse cómo es que uno llega a este estado de veneración de una de las paletas de la noria, y el desprecio de otras. Mucha gente no tiene estos cambios binarios. Sus vidas son distintas. Creo. Superpuesto a mis altibajos naturales de ser humano está este escalón, este ping de sonar, dos veces por año. El resto, mayormente silencioso.

Partamos por el comienzo, entonces.

Por qué estás lejos?

Porque quiero. Bueno, no es tan simple.

Por qué no?

[piensa]. Diría que no me sentí enteramente libre al momento de tomar la decisión.

Ambos sabemos que nadie te obligó. Pero dices que sentiste obligación?

Sí, la sentí, pero no vino de afuera, sino de adentro. Verás, la gente se crea modelos, ideales. La gente compara su vida con esos ideales y modelos y ve qué hay que cambiar.

No digas "la gente". Habla por tí.

Está bien. Yo tengo un modelo. Yo tengo una referencia con la cual comparar el yo presente con el yo deseado. Pero es más complicado que eso. Ese modelo no me convence. Es decir, tengo más de uno.

No nos desordenemos. Te sirve mirarlo en orden cronológico?

Sí, creo que es la manera más descifrable. [piensa]. No es fácil saltar de la nada a un cierto punto de mi vida sin explicar lo que vino antes, pero lo intentaré.

Perfecto.

Sin entrar en detalles del por qué, en mis años iniciales de la física tenía un gran ímpetu por perseguir un modelo. El modelo era el de avanzar el conocimiento humano, buscar cosas profundas, bellas. Había que hacerlo no porque estas cosas serían útiles, sino porque eran bellas. El concepto de la belleza era un tema muy, pero muy presente para mi en aquel entonces. Puedo citar a Poincaré?

Viene al caso?

Creo que sí. Mira, la cita es esta:
Le savant n’étudie pas la nature parce que cela est utile ; il l’étudie parce qu’il y prend plaisir et il y prend plaisir parce qu’elle est belle. Si la nature n’était pas belle, elle ne vaudrait pas la peine d’être connue, la vie ne vaudrait pas la peine d’être vécue. Je ne parle pas ici, bien entendu, de cette beauté qui frappe les sens, de la beauté des qualités et des app—


Sí, conozco la cita. No tienes que citar el párrafo completo. A qué vas?



[piensa]. Había que cambiar el mundo. Me tenía que ir de Chile. Llegué en el '89, y de aquel momento en adelante Chile me pareció claustrofóbico, desagradable. No era mi cultura y no nos recibieron bien.

A quienes?

A mi familia. Caímos en una gran olla de caca humana, con algunos nódulos de oro entremezclados.

No caigamos en la hipérbole. A qué vas?

Lo siento. Pero de verdad no tengo buenos recuerdos de aquel período. Es por eso que mientras menos durara mi tiempo en Chile, mejor. Sentía que me estaba desperdiciando.

Y la cita?

Porque eso me guiaba: lo que hiciera con mi vida tenía que ser de valor, y para mi, en ese momento, lo valioso era contribuir al conocimiento humano, resistir a la oscuridad del anti-intelectualismo modeno de la religión y la pseudociencia. Hacer mi parte, aportar a la Humanidad. El Siglo de las Luces vino y se fue, y se viene el—

La verdad no creo que esto sera relevante.

[levanta una ceja].



En qué momento surgió el otro modelo? Porque supongo que llegarás a eso en algún momento.

Sí. Sin más, la culpa la tuvo la moto.

[Ahora él levanta una ceja]. La moto?


Sí, tal cual. En el 2005 mi mundo consistía en la poca gente rescatable de mi generación, ex compañeros de colegio y la gente de la Licenciatura, en la Universidad de Chile. Los primeros, valiosos entre los otros ex, eran especiales, cada uno a su manera. Destinados para grandes cosas. Ojo: no grandes cosas tradicionales, a la manera de los que no aguanto, como el dinero o—

Bien. Y los otros?

—o dinero, o más dinero y una mujer tetona y un auto rápido. Los otros, pues su rollo era distinto. Era el de hacer física. Desconozco si las palabras de Jules Henri los impulsaban, pero a falta de él estaba la "sabiduría colectiva": en Chile, como licenciado en Física, no haces nada. Bueno, nada muy pertinente a lo que estudiaste, porque siempre está la posibilidad de ser profesor de escuela. Entonces el mantra era: hay que irse para afuera. Casi todos los profesores eran educados en el extranjero (salvo El Tigre, pero él es cosa aparte).

Y la moto?

[lo ignora]. Por ahí por el 2003, entonces, ese era mi mundo. Gente en vías de estudiar durante más de diez años, y gente nada que ver con la física pero originarios de esa extraña afección psicológica que se llama ser de clase media-alta y colegio privado extranjeroide en Chile. Todavía era parte de los primeros, pero el segundo me había hastiado hace mucho, antes de salir del colegio. Entrar en la Universidad de Chile fue un respiro grato.



Había salido de la Licenciatura en el 2003, a mediados de año (culpa de un electivo obligatorio que nadie me dijo que era obligatorio) y acto seguido había entrado a trabajar para uno de los colegios antes mencionados, de profesor de matemática. Esos cinco meses de trabajo dieron la base financiera para la moto, que todavía no se materializaba. De hecho, recuerdo que alguna vez, al año siguiente, alguien me preguntó si acaso me habían regalado la moto mis padres. Con orgullo le pregunté si acaso sus testículos tenían un tamaño mayor a lo normal, quizás por un par de desviaciones estándar. O incluso tres (el Six Sigma me lo reservo para las joyitas).

Pero volviendo al final del 2003, estaba a la espera desesperanzada de la respuesta sobre una beca a la que había postulado para ir a estudiar a Francia. Recuerdo cómo corrí por Av Monjitas, de corbata y con esos calcetines que te dejan los pies hediondos, desde el Instituto Chileno Francés hasta un teléfono público para llamar antes de que diera la hora de cierre en el Laboratoire Kastler-Brossel. Si bien por esos días aprendía el francés a paso redoblado, mi dominio de dicha lengua distaba todavía de lo necesario para sostener una conversación con un francófono y entender todo lo dicho.

Poca diferencia habría hecho dominar en aquel momento el francés, porque mi interlocutor me habló decenas de nadas, sin decirme claramente si podrían mandar un mísero simple fax diciendo que si bien todo postulante sería sometido a un proceso de selección, sin excepciones, mis cualidades sugerían que yo era buen material para su programa. Nada más: la beca requería aquella nada sobre papel, y éste me tiró muchas nadas al oído. "Conversaré con mi colega y mañana enviaremos el fax". El fax nunca llegó, nunca más supe del franchute y mi postulación la entregué incompleta 15 minutos antes del cierre del plazo.



El primer intento serio de irse de Chile había venido y se había ido. Surgieron emociones naturales de cuestionamiento, pero seguía con al convicción de que era lo que tenía que hacer. Tenía muy en alto la idea de verme estudiando en el extranjero, en Francia más encima. Ese verano fui a Buenos Aires.

Y la moto?

La moto viene más adelante. Paciencia. Felizmente había postulado también al programa de Magíster en Física de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y me aceptaron en enero. Comencé en marzo del 2004. Tomé ramos. Aprendí. Tuve una linda oficina. Pasé del Camping Juan Gómez Millas al campus del Baticristo, alabadas sean tus baticuicas, amén. Hice amigos, me reí como nunca. Llegó el invierno, llegó el verano. Eso de pensar en irse estaba en pausa, porque estaba haciendo el Magíster. Mi primer paso en el mundo del postgrado había sido dado sin grandes cuestionamientos, sin sacrificio, nada.

Esas vacaciones me fui a Buenos Aires. Aprendí a andar en moto...

[En voz baja]. Ya era hora.

... y de vuelta en Santiago compré una. Comencé a pasear. Y ahí cambió todo. O el cambio se solidificó, no sé.

A qué te refieres?

Chile ya no era una cosa para ser vista desde la ventana del auto, o desde la ventana de la micro. El campo no era aquel lugar aburrido donde había simplemente una ausencia de construcciones y complejidad. Ya no era aquel territorio de otros, de gente distinta a mi. No me di cuenta, pero me fui apropiando de Chile. Si hubiera sido en alguna forma más que meramente una apropiación metafórica, Lagos me habría aplastado con la ley de seguridad del estado. Pero todo sucedía en el plano de las ideas. Sin saber lo que estaba haciendo, abarqué kilómetros y kilómetros de la Región Metropolitana, y los hice míos. Disfruté del campo y la montaña, de la tierra y la piedra.



No sé cómo pasó, pero repentinamente me vi terrateniente supremo. Chile ya no era de ellos, sino que poco a poco era mio también.

Y esto en qué se diferencia de un mero apego a lo familiar?

Tienes razón; esta historia tendría muchas menos vueltas si se tratara meramente del cómo aprendí a querer la belleza natural de Chile. Pero junto con la moto vinieron las personas.

Quienes?

Gente normal.

A qué te refieres? Qué es normal en este contexto?

Gente sin aquellas esquizofrenias de grandeza, hijos de Poincaré y enrielados sobre las vías de una vida académica. Gente normal, que no nacieron en cuna de plata como mis ex compañeros y consecuentemente no tenían ese rol por cumplir del niño estrella, el copo de nieve hostigado por sus fantasmas ABC1. Gente normal, que iba a trabajar todos los días en un trabajo común y corriente, a veces aceptable, a veces desagradable, a veces detestable. Pero al final del día eran libres, completamente libres.

Eso no define a la gran mayoría de las personas?

Pues claro, pero no es cosa de números. La vida que vivían ellos era precisamente aquella en contra de la cual pontifiqué hasta el cansancio en mis primeros años de Licenciatura: pasar tus días haciendo cosas varias, de las cuales no quedará ni rastro en tan sólo cien años. Pero claro que no quedará rastro! Y a quién le importa!

Y por qué no habría de ser de importancia? Dejar huella, aportar a la humanidad. Pintaste un cuadro bastante loable en tu argumento a favor de tu primer modelo.

Y qué queda del cariño que la gente se tiene, de las palabras dichas entre amigos y parejas duraderas? Qué queda de las obras de caridad, de enseñanza, de los actos, de las presencias. Son meramente alimento para literatos y cronistas, o tienen valor en sí como justificación del día a día? Pues claro que lo tienen.

Naturalmente.

Y eso fue lo que vi: gente normal. Vidas normales. Un trabajo quizás aburrido durante la semana, y el fin de semana, pasear en moto y ver a los amigos. No sé si me estoy explicando bien.

Lo que me queda claro es que viste de cerca la antítesis de tu primer modelo. Y al verlo de cerca, lo comprendiste.

Exacto. Y ahí comenzó a quedar la cagada.



Explícate.

Con la moto cambiaron muchas cosas. Demasiadas como para nombrar aquí. Había estado demasiado estático demasiado tiempo. Mucho ímpetu de cambio acumulado.

El 2005 llegó a su fin. Pero siguiendo el mantra de "hay que irse a estudiar afuera", había mandado un escopetazo de emails a distintas universidades de Europa, todas preguntando por la posibilidad de un doctorado, etc. Recibí respuesta de la universidad de Innsbruck, en Austria: véngase usted a visitarnos. No le podemos pagar el pasaje completo, pero le pagamos el pasaje dentro de Europa. Glup.

Glup? No era ésto lo que querías?

Ah, difícil la pregunta. Sí, técnicamente. Pero no sólo había comenzado a flaquear mi modelo, sino que a grandes rasgos mi interés en la física. O no, no sé si habrá sido eso.

A qué te refieres?

Digamos simplemente que el barbudo Poincaré comenzó a tener menos influencia, y comencé a caer en la realidad de lo que una carrera en la física realmente implicaba. Y... No, no es eso. Bueno, sí, la verdad es que más y más áreas de la física me comenzaron a valer madre. Tal cual. El área en el cual me desempeñaba era lo único que lograba acaparar algo del entusiasmo que alguna vez tuve por la física entera.

A qué crees que se debió esto?

Ni idea. Se me agotaron las pilas? Mucho tiempo hueveando, sin llegar a la carne prometida del asunto?

Y eso qué sería, en este caso?

La investigación. Sentir que entiendes un carajo de lo que estás leyendo en los paper, de que lo dominas, que te interesa realmente, que estás sacando resultados simpáticos. Tantos años siendo simplemente un estudiante te desgastan.

Pero el 2006 comenzaste a investigar, sacaste un paper incluso.

Sí: el tema de mi tesis. Pero no quedé feliz con la tesis, aunque mi tutor me dijo que era buena, aunque el comité le puso nota máxima. La verdad, no quedé convencido.

Y eso a qué crees que se haya debido? Crees que tus dudas estaban realmente fundamentadas?

La verdad no sé. Puede que hayan sido síntoma de otra cosa, algo distinto, alguna parte de todo este proceso.

Volviendo a lo de Austria, qué pasó con eso?

Pues viajé a Austria. Me quedé un buen rato en Londres, luego en París, una semana en Innsbruck, y luego de vuelta a París y Londres. Ah, y tres días en Venecia, luego de Innsbruck, que me volvieron a la vida.

Cómo así? Qué pasó en Innsbruck?

Uf. Qué pasó en Innsbruck. Veamos.

El viaje en tren partió en Waterloo Station, en Londres. Tomé el Eurostar, pasé bajo el Canal de la Mancha, llegué a París. Me junté con mi amiga Charlotte, ex profe de francés, sólo un par de años mayor que yo. Caminamos doce horas por las calles de París, alimentándonos de puestitos, turisteando, finalmente cenando en Le Roi du Falafel, au Marais, un sucucho al parecer del gusto de Lenny Kravitz, hecho al cual le sacaban el jugo. De ahí a la estación de tren, la despedida, el vagón compartido, el cambio de tren de madrugada en Mulhouse, Francia, luego otro cambio de tren en Basel, Suiza, donde intenté comprar un croissant y un café usando mi francés, pero todos hablaban alemán. Otro tren a Innsbruck, compartiendo el compartimento con la mujer más insufriblemente hedionda que he olido jamás. Cada recoveco corporal emanaba su cepa paticular, y lo coronaba todo con olor a cigarro. Llegué finalmente a Innsbruck bajo la nieve y el frío y el alemán del Österreich. Mencioné que no hablaba ni hablo alemán?



Mochila en la espalda, nieve bajo los pies, miré mi mapa fotocopiado y no le hallaba el sentido. Volví a entrar a la estación de tren y pregunté por el Institut für Experimentalphysik. Que camine por aquí, que doble por allá. Tome tal bus. Lo llevará.

Va sin decir que a las dos cuadras estaba perdido y no tenía pinche idea qué bus tomar. Tal era mi cara de perdido que, de la nada, una italiana me preguntó si acaso necesitaba orientación. Sí! Gracias! Alabada seas!

En el bus la mitad de mi cerebro conversaba con ella, un cuarto masticaba el hecho que nunca antes había estado en un país donde no dominara el idioma y el otro cuarto... bueno, ese otro cuarto estaba calladito, calladito. Le pregunté sobre la vida en Innsbruck. No recuerdo si pausó una fracción de segundo antes de contestar, o si hizo una leve mueca. Tampoco recuerdo qué dijo exactamente. Algo sobre la dificultad de hacer amigos, de la gente. Me quedé con una sensación de que su postura era "y bueno, es lo que hay".

Me bajé, nos despedimos. Nunca más supe de ella. Anochecía. Eran las 4 y tanto pm. Con la espalda hecha tiras por el peso de mi mochila de 80 litros y la nieve crujiendo bajo mis pies, entré a la gran mole chata de uno de los edificios de la universidad. Me presenté a la secretaria del grupo de investigación, y me indicó que bajara y que cruzara la calle hasta el Kolpinghaus, la residencia estudiantil. Ahí había un cuarto que usaría durante mi estadía.

Otra vez a cruzar la calle y la nieve hasta las rodillas. No había un alma a la vista. El valle profundo de Innsbruck estaba ya completamente a oscuras. Llegué al Kolpinghaus. No había nadie en la recepción, y la puerta estaba cerrada. A decir verdad, no recuerdo cuánto tiempo estuve afuera, qué hice, qué sucedió. Recuerdo a un cuidador que no hablaba más que alemán, y por un proceso completamente estocástico y aleatorio, llegué a mi cuarto, no sin antes preguntar (sin éxito) si sería posible usar internet.

El cuarto era un asunto simple de formica y madera y linóleo. Una cama con una sábana sobre el colchón, y al pie de ésta, una frazada de material polar anaranjado. La formica era anaranjada. El linóleo era color crema. Las cortinas eran anaranjadas. Dejé mi bolso en el suelo, una vez más me volví agudamente consciente del sudor de mis palmas, de la sensación de falta de ducha, del cansancio de mi espalda. Y ese cuarto de cerebro que había estado calladito, calladito me preguntó si acaso tenía un momentico, que quería compartir algo conmigo. Ahí pasó algo raro.

De un instante a otro, mi realidad se trocó con el futuro. De esta paleta salté a una paleta seis meses más adelante. Sin aviso. Estaba llegando al Kolpinghaus luego de dejar Chile. Había llegado no por primera vez a Innsbruck, sino por segunda. Había recién dejado mis maletas en el suelo. Las maletas contenían todo lo que había podido traer de Chile. Lo había dejado todo atrás, y lo había cambiado por... esto, por Innsbruck. Seis años de esto. Me desplomé al lado de la mochila y hundí mi cara en la cama. La dejé bien mojada.

Necesitas un minuto?

Sí, por favor.



Si quieres podemos seguir en otro momento.

No, está bien. Acabemos de una vez.

Bien. Qué pasó el resto de la semana que pasaste en Innsbruck?

La verdad, no mucho. La gente del grupo de investigación fueron increíblemente amables conmigo. De verdad son personas muy especiales. Compartía el día entero con ellos, almorzábamos. Me enseñaron lo que sucede si colocas una vela en un microondas. Aprendí que algunos Koreanos se pueden ver un poco confundidos por la mayonesa, colocándola en la fruta picada del postre. Y otras cosas. Pero por dentro, yo estaba en un hoyo profundo. Desde mis días de primaria que no me sentía en un estado tan frágil.

Por qué?

Porque estaba solapando el futuro con el presente. Estaba intentando vivir el presente como si fuera el futuro, el comienzo de mis seis años en Innsbruck. Y me estaba dando cuenta que mi mundo, mi modelo, se me estaba viniendo abajo.

Cómo así?

Desde los primeros días de la Licenciatura que me quería ir de Chile. Quería hacer el doctorado afuera, conocer otras culturas. Más adelante, decidí que quería trabajar con la mecánica cuántica. Y después, con la información cuántica. Y después, en particular, con los iones atrapados. Y aquí estaba yo, en el laboratorio más avanzado de Europa en cuanto al procesamiento de información cuántica con iones atrapados, y...

Y?

Precisamente. No sabía lo que me sucedía. No quería verbalizar lo que estaba pensando. Pero en el fondo sí sabía: que esto, el pináculo de mi carrera, posiblemente la oportunidad más grande que recibiría, no la quería.

Pero qué fue lo que te hizo sentir así? Estar lejos de casa?

Era un poco eso. Además, la oportunidad no era tan dorada como parecía, tenía sus notas a pie de página.

Como cuáles?

Yo quería ojalá entrar a trabajar en uno de los dos experimentos con iones atrapados, aún si fuera después de un período inicial para ponerme al día en cosas experimentales, porque hasta el momento no había hecho nada experimental. Pero según recuerdo, se me hizo ver que ambos experimentos estaban bastante llenos, pero que había un frequency comb botado que podría armar, y hacer la tesis de eso eventualmente. Si bien hoy en día tengo una idea mucho más clara de lo que es un frequency comb, en ese momento sabía sólo una cosa muy vaga: no tenía nada que ver con el procesamiento de información cuántica. Era pura óptica.

Es decir, si bien estaría en el epicentro de las investigaciones más avanzadas en mi área de interés, la opción más directa para hacer mi doctorado no pertenecía a dicha área.

Y eso fue lo principal?

La verdad, honestamente, no. La reacción de guata que tuve fue mucho más importante. Mira, es difícil resumir en palabras lo que sentí del pueblo y la gente que no era del instituto, pero lo ilustraré con una conversación que tuve con una estudiante brasilera. Había llegado hace nueve meses. Dejó Brasil, dejó su familia y dejó su pareja. Una noche salí a un restaurante mexicano con ella y otro estudiante, un portugués. Hablamos de muchas cosas, bromeamos, qué sé yo. En algún momento se me ocurrió preguntarle a la chica cómo le había ido con los chicos de Innsbruck: seguramente sabrían apreciar a una hermosa brasilera. Su reacción seguramente la tengo mezclada con el recuerdo generado, pero estoy casi seguro que bajó la mirada a su cerveza unos segundos antes de responder que no, que la verdad es que era bastante difícil conocer gente, hacer amigos. Todos ya se conocían, y si no eras parte de una red de conocidos, era muy difícil entrar a cosas sociales.

Verga, ver a una brasileña así de bajoneada me sorprendió. Qué le había hecho este pueblo? Yo no quería terminar así.



Volví a Chile hecho un enredo. Tenía que seguir escribiendo la tesis, quizás seguir investigando, avanzar otras ideas. Sentía que estaba viviendo con tiempo prestado.

A qué te refieres?

Tarde o temprano tendría que tomar la decisión de decirles claramente que no haría el doctorado con ellos. Así tal cual. No quería que llegara ese momento.

Pero llegó.

Claro que sí. Fue por esa época que decidí poner a la venta mi primera moto, una XR 125 L, y buscar una XR 250 R. Si había decidido no aceptar la oferta del mejor lugar en Europa, y Estados Unidos lo tenía vetado, claramente iba a permanecer en Chile por un buen rato más.

Académicamente, comencé a faltar a la universidad. No es como si tuviera clases ni nada, no es como si estuviera investigando nada activamente con mi tutor, pero sentía la responsabilidad de ir, de hacer acto de presencia. Siguió un año largo de paseos en moto y de sacar la tesis capítulo por capítulo, pujada a pujada.



Y cómo terminaste postulando a los Estados Unidos?

Por inercia. Por mono copión, quizás. Mis compañeros de oficina estaban todos postulando, y a esas alturas todo me valía madre, todo me era indiferente. Hice un intento cagón de postular a última hora. Tuve que dar el TOEFL, y por no registrarlo a tiempo, fui a darlo a La Serena (gasto de dinero doblemente amargo: qué hago yo dando una prueba de inglés? Conversen 10 segundos conmigo por teléfono y permítanme ahorrar un dineral). Otra iniciativa cagona fue el GRE de física, para el cual habré estudiado con unas dos, tres semanas de anticipación. Otro dineral. Mes y medio después, cuando llegaron los resultados, vi que había obtenido un 58% percentil, es decir, que el 58% de las personas que habían tomado esa prueba ese año habían obtenido puntajes bajo el mio. Por esos días fui a ver a mi tutor, a quien evitaba ya como la plaga por razones complejas que no vienen al caso, y le mostré los resultados. "Con esto no te aceptarán en ninguna parte. No pierdas tu dinero, no postules" me dijo. Postulé igual, por pura inercia.

Pero tenías esperanzas de ser aceptado?

Esperanzas? No podría hablar de esperanzas. Expectativas? Tampoco. La verdad no sabía qué hacía ni por qué lo hacía. Quería realmente ir a los Estados Unidos a hacer un doctorado? No lo sabía. No sabía nada. Actuaba por inercia, porque "hay que irse a estudiar afuera". Aquella frase, otrora sensata y llena de oportunidades hoy me parecía casi una burla.

Pero por qué postulaste, entonces? Ya lo sé; por inercia. Pero por qué a Estados Unidos?

Te ofrecen la Cajita Feliz McDoctorado: postulas, te vas, te pagan automáticamente y el doctorado te sale gratis (así de inpopular es la física). En Europa es mucho más difícil conseguir financiamiento. Tengo la sospecha de que ordeñan a sus ex-colonias, extrayendo el dinero de los hijos de magnates petrolíferos y adinerados en general y por eso no ofrecen muchas facilidades de financiamiento.

Y, como sabemos, te aceptaron finalmente.

Sí, en una sola universidad. Pero no me enteré sino hasta en Febrero. Esos meses fueron terribles. Octubre, Noviembre, Diciembre, Enero. Bueno, metamos Septiembre porque la verdad no sabría donde cortar. El clímax fue Enero. Se imaginan correr como loco, gastar cantidades ridículas de dinero, escribir cartas de intención donde aparentas estar profundamente interesado por la investigación que se lleva a cabo en la universidad de turno? Y lo hacía todo sin entusiasmo, ni esperanzas, ni razón. Pura inercia. Trabajaba activamente para des-raizarme de un país donde finalmente me sentía cómodo, feliz. Un árbol serruchando su propio tronco.

Y si no hubieras postulado, entonces qué? Seguramente habrías encontrado algo que hacer en Chile.

No es tan simple.

Nunca lo es.

No. [sonríe].



Y entonces?

Mira, cuando es el 2006 y llevas desde 1999 estudiando física, y todo lo que sabes hacer es física, y honestamente no te interesa de sobremanera ninguna otra actividad que te pueda sustentar, qué más puedes hacer? O abandonas completamente la carrera y te reinventas o sigues adelante con el doctorado.

Acaso no podrías esperar unos años, hacerlo más adelante?

Eso mismo me preguntaba yo, y precisamente eso es lo que no quería hacer. Es muy difícil volver a entrar en la física. Te conviertes en uno de esos tipos raros que al final sacan el grado por sacarlo, o que desarrollan su teoría loca personal por estar tan aislados de la comunidad. Y eso sólo si tienen mucho entusiasmo.

Entonces lo tuyo era ahora o nunca.

Sí. Y eso era lo que me desesperaba. Me sentía montado sobre un tren que no se detenía nunca, y que para bajarse de él había que saltar al costado de la vía. Una vez abajo, no te podrías subir otra vez. Una sensación desesperante. A eso me refería al comienzo de nuestra conversación. No sentía que actuaba de manera enteramente libre.

Pero qué hay de malo en reinventarse, hacer otra cosa? A estas alturas no estabas ya harto de todo el tema de la física?

No sé si harto, pero ciertamente desilusionado y con cero interés. Pero había algo que ciertamente quería evitar: el mirar hacia atrás y decirme mierda, si tan sólo hubiera seguido con la física, dónde habría ido a parar.

Bueno, eso uno nunca lo sabe.

Ah, pero yo lo sé. Te imaginarás que el ego tiene un gran rol en este tema.

Otra instancia más en la que el ego daña a su dueño.

Sí, tal cual. Hay que admitirlo. Y yo sabía que si me salía de la física, tendría que ser algo de cuerpo y alma, al 100%. O un rechazo carnal, cosa que probablemente no sucederá nunca, o una fascinación con otra área.

Un clavo saca otro clavo.

Así es.

Y entonces, te aceptaron.


Sí. Recibí la noticia en Cochrane. Me sentí raro. Dato curioso: no lo sabía en aquel entonces, pero el entorno natural de Cochrane, por lo menos en el verano, se parece un poco a New Mexico.

Nunca pensaste ir a visitar antes de aceptar?

Ni cagando. Si iba a hacer esto, lo haría como los colonos europeos viajando al Nuevo Mundo. De una, nomás.



Sabías que aceptarías?

En ese momento no sabía nada. Cerré el email y observé cómo me sentía. Guardé la emoción en un bolsillo y la idea en un cajón. Tenía cosas más presentes en las cuales pensar.

Finalmente decidiste irte.

Sí, así fue. Me dije que éste sería el último intento. Nada de lanzarse a la miseria, nada de hacerse sufrir por nada. Si me iba mal, si lo pasaba mal, lo cancelaba todo y me volvía a Chile. Hay cosas que son más importantes en la vida.

Pero qué harías si volvieras?

Mira, alguien que salta de un avión en llamas no se pasa el tiempo colgado del paracaídas pensando qué preparará para comer en la noche. Eso se ve después.



Hasta el momento pareciera que te ha ido bien en Albuquerque, no?

Sí. Debo decir que aquí caí con el pie derecho. Hay una red de gente que se encarga de ayudar a los nuevos estudiantes internacionales y eso hizo un mundo de diferencia. Además, la gente de aquí es, en su gran mayoría, amable y simpática.

Entonces eres feliz aquí?

[sonríe a medias, ladea la cabeza, se encoge de hombros]. Y... feliz, no diría que es eso. Estable, alimentado y otras cosas del día a día, sí. Pero entusiasmado por lo que estoy haciendo, convencido y con ánimo, no tanto.

Pero tú te das cuenta que hay mucha gente que no tiene la oportunidad que has tenido tú de hacer esto, de venir a estudiar al extranjero así como así. Mencionaste que hiciste las postulaciones de mala gana, y aún así quedaste, casi sin esfuerzo.

Ojo, no es tan simple como lo pinté. Pero independiente de eso, sí, estoy consciente de que así, sin detalles, esa es la impresión que podría generar una descripción de lo que estoy haciendo. A decir verdad, me causa una gracia amarga que yo pase mi tiempo suspirando y pensando en cierto tipo de vida en Chile, y otro se pueda pasar su tiempo pensando en poder irse así como así a otro país, volver a ser estudiante, etc.

Como dicen, el pasto siempre es más verde en el jardín del vecino.

Tal cual.

Pero entonces, si te encontraras una lámpara en el desierto—

[en voz baja]. Más bien una botella de Tecate.

—y al frotarla saliera un genio—

[en voz baja] Vestido de mariachi, sin duda.

—qué le pedirías?

Ese es el problema. No tengo puta idea. Ciertamente no le pediría nada realista. Le pediría que en Chile pudiera ir a desempeñarme como físico experimental que requiere rutinariamente láseres de cientos de miles de dólares. Le pediría—

Por qué?

Porque ese es otro tema que no he mencionado hasta el momento. Si bien toda mi educación en física ha sido teórica, en el presente estado de desinterés en el que me encuentro, lo único que suscita un mínimo de motivación es lo experimental. Y estoy intentando orientar el doctorado en ese sentido. Pero si alguna vez quiero trabajar en Chile de físico, conseguir los materiales que uno requiere sería casi imposible.

Veo. Qué otra cosa le pedirías?

Que Albuquerque no fuera Albucaca. Que el doctorado no durara cinco, seis años, sino dos, máximo. Que hubiera algo que me apasione claramente y que sirva para mantenerse.

Esto último lo quiere todo el mundo.

Sí, es cierto. Pero tú me hablaste de anhelos imposibles.



Y qué harás, entonces? Te quedarás en Albuquerque?

Claro que sí. Eso es algo que he notado: cuando comienzo a dar un fragmento de todo este análisis como respuesta a la pregunta "te gusta ahí?" o "lo estás pasando bien supongo, no?" la gente se lleva la impresión de que estoy pasándola pésimo y debería coger el primer avión de vuelta a Chile. Pero la cosa no funciona así. Tengo bien claro lo que estoy haciendo, y los criterios sobre cuándo debería jalar de las cuerdas de eyección son bien claros.

Qué harás después, asumiendo que terminas ahí el doctorado y sigues en lo de la física?

Ni idea, pero supongo que si ya estoy embarcado en esto de estar en el extranjero, debería por lo menos ir a un lugar que me guste, con tal de hacer algo vagamente relacionado con lo que sé hacer en la física.

Dónde, por ejemplo?

Mira, como bromeaba con Sergio, un amigo que está haciendo el doctorado en física pero en Texas, hay que ir a hacer el postdoc al sur de Italia o al sur de Francia, o a España, o a Portugal, o algún lugar con buen clima, comida buena y mujeres hermosas. A la mierda la física, yo quiero vivir bien.

* * *



Esta entrevista imaginaria fue realizada entre el 7 y el 8 de febrero del 2009.

Las fotos corresponden a un paseo que hice con Alvaro al Cajón del Maipo, estrenando un convertidor gran angular de 0.35x (de pésima calidad, pero sólo $35) y más importante, un filtro polarizador.

Si bien no es la motivación de este artículo, alguna vez Alvaro me dijo que los últimos artículos que había publicado por esa época habían perdido ese algo especial, eso que va más allá de un relato de hechos y acciones. Eso fue hace tiempo, y desde entonces han habido artículos de todo tipo. Pero cuando nació la idea de escribir un artículo así, el más personal que he escrito en El Cantar de la Lluvia, pareció natural solaparlo con un paseo con Alvaro. Be careful what you wish for! :-)

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