Qué bueno verte por aquí, forastero. No importa de donde vengas, lo importante es que has llegado.

Te invito a explorar este sitio, usando el índice general de artículos en la columna derecha. En un par de clicks puedes viajar desde el calor del Valle del Elqui hasta el color turquesa intenso del Lago General Carrera; desde la espuma marina y los pinos de la Costa Central hasta las sagradas cumbres de los Andes Chilenos.

Bienvenido seas, y que tengas suerte en tus andanzas.
durandal

Thursday, December 03, 2009

Al Valle de las Arenas Con Camilo

Ese día sí que hacía frío. Habíamos tenido un mayo excepcionalmente cálido, pero ya los días tibiecitos se habían ido. Le pregunté a Camilo si quería salir, a explorar el Valle de las Arenas. Asintió, nos abrigamos, y partimos.

Naturalmente fue necesario pasar al lugar habitual para comernos unas empanadas.



(click).



(click).



Es difícil conseguir fotos interesantes en los días grises y nublados como éste. Los colores del cajón estaban apagados. El único bastión del color era la yesera.



Definitivamente hoy las tonalidades serían sutiles, apagadas. (click).



Camilo iba con las muñecas sensibles. No se equivoquen, chicos: éste hombre está felizmente casado y las muñecas normalmente las tiene bien erguidas. Pero hace unos días que habían caído víctimas de la tendinitis.



La condición para salir de paseo era nada que le hiciera forzarlas.



El problema es que el último tramo del camino se hizo bien difícil. Más parecía lecho de río rocoso que camino. Yo avanzaba, y esperaba a Camilo. Avanzaba un poco más, y lo esperaba.



Decidimos volver sin haber llegado hasta donde alguna vez avanzamos con los otros chicos.

Ahí tuvimos la sorpresa del día: todos los colores que habían permanecido escondidos por flojera, mandaron la tropa de anaranjados, amarillos, rojos, fucsias y lilas a poner la cara.



Y qué espectáculo nos aguardaba.



Volvíamos lento, lento.



Iba hipnotizado.



El frío, las muñecas adoloridas, todo eso valió la pena.



Una última mirada hacia atrás. (click).



Y con eso, avanzamos hacia el ocaso.

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Monday, March 09, 2009

A Lagunillas Con Camilo

A pesar de haber comenzado a empacar mis maletas unos días antes de partir hacia Chile, la noche anterior a mi partida me encontré puteando y reputeando, intentando hacer caber todo lo que debía llevar. Mi propio equipaje no era muy voluminoso, pero Camilo se había ensañado con los encargos. Aquí los señalo con flechas rojas.



De casco a botas, de kit reparador de pinchazos a tapones de válvula de neumáticos con forma de bola 8. Era una lista sin fin de objetos varios, la mayoría de los cuales tenían formas incómodas y raras, difíciles de empacar.

Se preguntarán, quizás, por el motivo de estos encargos. Pues bien, Camilo se había comprado recientemente una TTR250. Por fin saldría a andar en tierra como buen machote.

Con los papeles en orden y Camilo vistiendo equipo nuevo de pies a cabeza, partimos al Cajón. Ni les cuento la cantidad de autos, el tráfico a paso de caracol, las detenciones por ningún motivo aparente. Era por esto:



Qué mejor actividad para el primero de enero que ir al Cajón a bañarse. Si no hubiéramos usado la berma, a paso cuidadoso, probablemente habríamos llegado a este punto al atardecer.



Pero eventualmente nos libramos del taco y tomamos la subida hacia Lagunillas: un paseo corto, al punto, con buenas vistas.



Y eso es Lagunillas, un grupito de árboles en medio de la cordillera.



La vista me saludó como un viejo conocido. (click).



Ver a Camilo en la TTR me recordó las primeras veces que llevé la XR125L a los caminos de ripio.



Me encantan estos postes de cerco. Cuánto tiempo han estado aquí, bajo sol, viento, lluvia y nieve? Qué han visto? (Pasa el puntero sobre la imagen).



Esto de sacar la cámara grande es una joda. Por lo menos veinte minutos por parada. Pero a eso vine, no?



Ya lo mencioné en otro artículo, pero me es imposible ver un cerco en la cordillera extendiéndose hasta el horizonte sin pensar en el libro Redoble por Rancas.



Aún en pleno verano, algunas manchas distantes de nieve en las quebradas más protegidas.



Y en los imponentes macizos, su capa de nieve eterna.



Lagunillas tiene dos subidas hacia el sur, por la loma de los cerros. La primera, fácil. La segunda, requiere un poco de experiencia. El sendero es angosto, las piedras están sueltas, y a tu izquierda está el cerco, el cual querrás evitar a toda costa. Yo subí hasta la parte superior de la loma, donde está el poste con banderines.



Camilo decidió ser prudente, y fumarse un cigarro mientras yo tomaba fotos.



Una toma cercana...



... y una lejana (click).



Ésta me gusta bastante.






Cómo sería estar en aquellas cumbres, mirando hacia la puesta del sol?






Noté que Camilo me estaba haciendo señas. Al parecer ya había terminado su cigarro, y se estaba aburriendo.



Así que bajé hasta donde estaba él. Faltaba muy poco para que el sol se escondiera.



Retrato del joven endurero novato.



En la cima del mundo.



En este viaje la gran mayoría de mis paseos fueron al atardecer, en busca de la luz adecuada.






Los últimos rayos. (click).



Era hora de bajar.






De bajada nos encontramos con un par de personas, sus luces y un generador. Pasé de largo, y me quedé pensando. Eran: a) ovnimaniáticos, b) entomólogos o c) otra alternativa. La curiosidad me superó, y me devolví sin miedo a no poder alcanzar a Camilo, quien iba bajando por el camino a velocidad de abuela.



Efectivamente, estaban haciendo un estudio sobre las polillas del sector. O debería decir mariposas nocturnas? Me encantaría leer la publicación una vez que salga, pero ni idea cómo buscarla. Google no fue de ayuda, pero seguramente es demasiado pronto como para que hayan publicado resultados de Enero.

El resto del camino de vuelta transcurrió lentamente, sin evento.

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Tuesday, February 10, 2009

Al Embalse El Yeso Con Rodrigo

El pulso del Cajón del Maipo es lento según nuestros estándares. Su corazón late una vez al año. No tiene apuro. La tierra le da una vuelta al sol, y late. Otra vuelta al sol, y late. La última vez que estuve en la rama del Embalse fue en el invierno, la diástole andina. Ahí Rodrigo y yo no llegamos mucho más allá de la recta larga, pataleando en la nieve.

Este relato comienzo más allá de donde paramos para dar la vuelta.



Rodrigo había ido en la Transalp. Solía quejarse de que en el Cajón del Maipo no había nada interesante para hacer, era una ruta lineal: por donde vienes, te devuelves. Asegurado de que no se perdería de ningún endureo interesante, ya que yo andaría con la cámara, decidió ir en la moto grande.




En la parrilla de la moto llevaba la caja Pelican, favorita de motociclistas de aventura que quieren fabricar panniers baratos pero resistentes. Es de plástico grueso, rellena de espuma prepicada y de sello hermético. Garantizan su integridad física en toda situación, salvo contra osos, tiburones y niños menores de cinco años. No, en serio.



El adaptador Opteka de 0.35x no es tan malo después de todo. Como es adaptador, y no una lente, tiene visión de túnel, pero ésto a veces no es tan malo. La aberración cromática, sin embargo, es terrible, pero Potochop lo corrige fácilmente.



En algún momento de este viaje tendría que lavar la moto, pero todavía no. Me gusta así. En su elemento, cubierta de tierra. Al darle palmadas a la piel de oveja, salen nubes de polvo andino, como una oveja de verdad. Qué más podría pedir?



Desde cuándo que habrán estado estos marcadores de camino? Alguna vez fueron anaranjados, quizás? El sol de la cordillera los blanqueó.






Qué frustrante es estar limitado al camino. Qué envidia le tengo a los andinistas, por avanzar con determinación de escarabajo hacia su objetivo. Pero supongo que ellos, también, se frustran por sólo poder seguir la huella en áreas difíciles.



Con la parrilla enteramente ocupada por la caja, no había forma segura de amarrar la mochila. Usé el pulpo que llevé a la Carretera Austral, con el elástico completamente vencido e inservible. Va sin decir que me jodió durante todo el paseo.



En la caja llevaba la cámara con la lente Canon EF-S IS 18-55mm de f/3.5-5.6, la lente de carretes EF 50mm f/1.8 y el convertidor Opteka de 0.35x, todo firmemente acolchado por la espuma. Lo único que me preocupaba era que las sacudidas y vibración dañaran algún componente interno de las lentes o la cámara. (click)



También había llevado la cámara compacta, la A720IS, para tomas rápidas y aprovechar su zoom de 6x.



Algún día tendré que llevar un bote inflable al Embalse el Yeso.



Beneficios de un filtro polarizador: reducción drástica de reflejos, posible reducción de luz atmosférica en la distancia. Cosas no tan buenas: en tomas anchas, el cielo adquiere patrones raros de tonalidad.



Pero cuando la toma es más cerrada y abarca un ángulo sólido más pequeño del cielo, no hay problema.



Mr Impaciencia, en la distancia.



Era un poco confuso tener a mi disposición tantas opciones fotográficas. Antes, era cosa de parar, sacar la cámara y prenderla, a veces usar el modo evaluativo de exposición, a veces el modo spot, elegir zoom y componer. Listo.

Ahora, si decidía usar la cámara grande, debía parar, abrir la caja, sacar la cámara y sacar algunas fotos. Luego colocar el convertidor de 0.35x y sacar algunas fotos. Luego quitarlo, y colocar el filtro polarizador y sacar algunas fotos. Luego colocar la lente de 210mm y sacar fotos. Se imaginarán el hueveo. Con esa serie de pasos, la inspiración se me agotaba. De cuántas maneras puedes fotografiar lo que te rodea? Por si fuera poco, sabía que Mr Impaciencia me esperaba un poco más allá.



Pasaron algunos autos con su consecuente nube gigante de polvo. Metí la cámara a mi chaqueta y corrí a cerrar la caja a tiempo.



Qué ganas de sentarse aquí toda la tarde, armar un picnic, mirar cómo gira el sol en el cielo.



Cómo las nubes se forman y desaparecen, sombreros fantasma.



(click)



Este acarreo me fascina. Por el momento verán sólo su parte más baja, cerca del camino, sobre el cual estoy parado. Si son conocedores del Cajón, o tienen buena memoria, sabrán cual es.



Cómo sería subir, subir, subir por la piedra suelta, la arena? Qué vistas obtendría?



Pero no importa. Ya tendría suficientes vistas desde el Embalse.



Por ahí exploramos un camino lateral, sabiendo que no llevaría a ninguna parte.



Y otra vez, más ancho. (click)



Si Rodrigo tuviera Facebook, sería una buena foto de perfil. Pero es uno de los pocos tercos que conozco que se niegan hacerse una cuenta.



Yo subí, y recordé que fue donde vi el cóndor. Pero con la moto cargada no tenía intención de ir demasiado lejos.



Y una vista más ancha. (click).



Difícil comunicar la escala del valle. Por más zoom que tenga la cámara, lo enfocado siempre será gigante, enorme.



No sé por qué, pero ese día había una luz especial, una luz eterna de tarde larga. (click).






Éste es el acarreo del cual les hablaba. Una de mis fotos favoritas.



Cómo sería llevar una carpa ligera e instalarse allá arriba, a la izquierda?



Seguimos por el valle, el sol a nuestras espaldas.



El montículo y la casa, dos objetos que para mi son un misterio.



A ver, lectores. Identifiquen este cerro.



La verdad creo que nunca he visto a alguien en este refugio.



Pero en éste sí. Tiene generador, suele haber una camioneta afuera. Seguramente tendrá algo que ver con la yesera.



Y aquí, el montículo misterioso. (click).



Esta vez noté algo en el montículo que no había notado antes.



Y fue por ese entonces que nos dimos cuenta que la luz se iba, el sol finalmente había logrado esconderse tras alguna loma distante. Decidimos jugar un rato ahí mismo, para luego volver. No tenía sentido seguir hasta las Termas, particularmente considerando que algún descriteriado hoy por hoy está cobrando por el acceso.

Por el valle, Rodrigo apenas un punto de luz.



Y por encima, una panorámica de la majestuosa cordillera. (click).



Y ahóra qué, nos dijimos. Unos retratos? Bueno, dale.






Ah, sí. El bigote. Octubre 2008 - Febrero 2009. QEPD.



Algunas tomas a la pasada, de alta velocidad. La verdad es que aparte del polvo, no es tan necesario ir rápido. A la cámara no le importa.




Ah, pero aquí sí importa.



Una última mirada a los cerros, a modo de despedida, y vuelta a casa.

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